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En cuanto a los amuletos de cazar, apenas el cazador cobraba su presa, su primerísima preocupación y acción era alimentar los amuletos porque había sido por su condición de hambrientos que éstos lo habían guiado hacia la presa; y los alimentaba frotándolos con la sangre de la presa. Era solamente luego de haber cumplido con este deber que pasaba a sacar el cuero y limpiar las entrañas de la presa.

Le preguntamos a nuestro interesante y suave interlocutor cómo hace para encontrar todos los objetos que encuentra, muchos, de pequeño tamaño. Nos explicó que, a veces, lo hace por lógica, preguntándose dónde le gustaría a uno de sus antepasados construir una vivienda, o dónde cazar, dónde acampar, y en tales lugares busca; pero, a veces, le viene un trance que le dice que está por hallar algo, le viene una percepción aguda, y encuentra algún objeto.

Nos mostró un pedregón en la parte más alta de la loma donde tiene su vivienda, el pedregón en el cual se sienta cada mañana a la salida del Sol para meditar un rato.

Nos habló de su filosofía de la vida, de su conexión, por un lado, hacia el pasado, por intermedio de su padre, de su abuelo, de sus antepasados, y por el otro lado, hacia el futuro, por intermedio de sus hijos, y los futuros hijos de sus hijos, y todas las generaciones por venir.

Escuchamos de su boca conceptos que hasta entonces habíamos solamente leído, conceptos de vivir en armonía con la naturaleza, de no desperdiciar nada; y también nos contó sus problemas o, mejor dicho, los problemas de toda su tribu de familias, con el gobierno de Vespuccia.

Resulta que el gobierno de Vespuccia quiere crear un parque arqueológico centrado alrededor de los petroglifos, y está tratando de echar a todas estas familias de sus tierras. Por una parte, el gobierno les ofreció un precio por la tierra de 1/6 del precio corriente de otras tierras similares lindantes, lo que, naturalmente, rehusaron. Por otra parte, el gobierno los está amenazando con desalojarlos sin más ni más, diciendo que no tienen títulos a la tierra, como que, naturalmente no los tienen, porque entre los paraborígenes no hay y no había títulos porque la tierra no pertenecía a nadie en particular sino que existía para el uso y usufructo de todos. El gobierno dice que ellos, los paraborígenes, con vivir ahí, están destruyendo la tierra, y que el gobierno la protegería. Y, nos dijo amargamente el vocero, qué clase de protección sería construir una carretera asfaltada, construir playas de estacionamiento, construir edificios no con materiales locales sino ajenos a la zona, mientras que ellos, los pobladores, hace siglos, de generación en generación, que viven en sintonía con la naturaleza.

Un aspecto muy notable de todo ello es que aquel hombre tuvo la posibilidad de >>>>>>>>