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artificialmente el nivel de la laguna de una familia de castores, estos no se desesperarán por tan poco; en seguida, empezarán a construir pisos altos adicionales en su morada, guardando paso con la subida de las aguas, de manera que, eventualmente, se encontrarán con toda una torre transacuática y con el último piso siempre encima del nivel del agua.

     - Cooperación -

//   Si bien cada familia construye su propia vivienda-islote, todas las familias contribuyen a la construcción y al mantenimiento del dique.

     - Previsión -

///  Para invierno, acumulan reservas de vituallas de fácil conservación y suculento sabor, pedazos de troncos y ramas, ricos en corteza. Y, en previsión llevada a lo máximo, acumulan sus reservas en el fondo de la laguna, de manera que, por una parte, los bocados siempre quedan a la tolerable ambitura de agua no congelada, en vez de congelarse como rocas si las dejarían afuera, y de manera que, por otra parte, cuando la superficie del agua, con todas sus ventajas, se transforma en capa de hielo, con todas sus desventajas, los castores tienen su casa y su mercado en fácil comunicación bajo la protección del hielo.

     - E imprevisión -

////  Una colonia puede renovarse e incluso expanderse durante decenios, y hasta pasada la marca del siglo, si no interviene alguna catástrofe, natural, humana - o una catástrofe ecológica causada por la propia colonia: una gran colonia castoril corta árboles más rápido de lo que los árboles crecen; por lo tanto, desbosca; por lo tanto, tiene que ir ensanchando los alcances de su territorio a lugares todavía no desmontados; por lo que excava canales o levanta el nivel del agua, y, de manera muy humana, cree que la naturaleza no tiene límite; pero llega el momento cuando no hay más a donde extenderse ...

Muy interesantes, estos castores; muy interesantes.

Se sabe, por fósiles encontrados, que, en la época de los mamutes, en este mismo norte de América, había castores de hasta tres metros de largo, con más de 360 kilogramos. Si tenían las mismas costumbres que estos castores, qué mundo tiene que haber sido su mundo.  Prácticamente inimaginable.

Ya son pasadas las once de la noche, cuando vino a visitarnos un conejo; se instaló en lo que parecía su bar vegetariano favorito y empezó a cenar sin ocuparse de nosotros; Božka se le acercó, muy pausadamente por cierto, hasta tres metros, cuando finalmente el conejo decidió dar un salto para adentro del matorral; volvió a salir, al rato, para seguir con su cena interrumpida, y lo curioso es que siempre se quedó colocado con su frente hacia los matorrales >>>>>>>>