español english français česky

Esta mañana, nos despertamos en un ambiente casi primaveral, con una ambitura de 3 grados encima de cero en el vehículo y 2 debajo de cero, afuera; y con los pajaritos proclamando su existencia - pero se presenta la observación de que la variedad de cantos e intonaciones se debe solamente a la variedad de pájaros, porque cada uno de estos pájaros tiene una sola aria para cantar, una y otra vez, mientras que los cuervos, real- e indudablemente, tienen todo un repertorio de sentimientos para expresar - sí, a veces hasta suenan como palomas enamoradas.

Hacia Whitehorse. Quinientos kilómetros. Hacia el destino. ¿Arreglo o no arreglo del vehículo?  ¿Resplandor o tinieblas?

. .
*

Hoy es el 25 de abril.  Hace cinco días ya, en Whitehorse.

Qué tenebroso colapso fue cuando, apenas llegados, fuimos a un taller otro que el taller recomendado, para obtener de antemano una primera opinión, y cuando nos dijeron "olvídese, tírelo y cómprese uno nuevo". Con qué aprensión, pero agarrados de una inextinguible chispita de fe, fuimos luego al taller recomendado.

Y entonces, en este taller recomendado, qué esperanzado alivio, cuando escuchamos que es un trabajo enorme, pero que sí se puede arreglar. En verdad, veredicto de vida para la Expedición.

Hoy mismo, lunes, nuestro tercer día hábil en Whitehorse, vino, nada menos que por vía aérea desde Edmonton de la provincia de Alberta, un tasador de la compañía de seguros.

Ya teníamos listos para él los dos presupuestos reglamentarios de dos talleres diferentes para que el astuto tasador, celoso cuidador de los intereses de su empleador, pudiera imponer el de menor importe.

Muy simplemente, el dueño de nuestro taller había llamado por teléfono al dueño de un taller competidor, y no habíamos tenido más que ir a buscar un segundo presupuesto con importe adecuadamente más alto.

Donde fallamos vergonzosamente fue en el encuentro con el tasador en el aeropuerto. Estaba convenido que lo iríamos a buscar a tal hora para llevarlo al taller. Nos presentamos exactamente a la hora convenida - somos gente puntual - y encontramos a nuestro tasador desesperado, no sabiendo qué pensar después de una hora de espera. Lo que nosotros no sabíamos era que precisamente durante el fin de semana se había corrido la hora de una hora.

Después de tres horas de cálculos, re-cálculos y argumentaciones, el tasador >>>>>>>>