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Este hielo que estamos mirando, otros ojos también lo están mirando; y lo están mirando en una escala mucho más amplia, en una escala global; ojos poseídos por la fiebre - en este caso, una mega-fiebre - de dominación de la naturaleza.

Su visión: derretir el hielo, todo el hielo polar.

Sus medios:

1)esparciendo algún polvo oscuro sobre la superficie del hielo; y ni siquiera sería tan difícil: solamente sesenta aviones volando a distancias, entre sí, de un kilómetro y medio, cada día durante treinta días, esparciendo 300.000 toneladas del polvo;
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2)idem, pero con esporas de microflora en vez de polvo, las que se propagarían por el hielo en vez de hundirse en él;
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3)detonando 25 cargas de una mega-tonelada cada una para destrozar la banquisa y facilitar su dispersión y derretimiento;
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4)aumentando el flujo de tepidez desde el mar europeo al mar ártico, lográndolo tanto reduciendo el enfriamiento natural del mar europeo con una película de alcohol cetílico, como aumentando su tepidez natural por disipación de las nubes;
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5)cerrando el estrecho de Bering con un dique para establecer una corriente unidireccional de Artico a Pacífico y así aumentar el flujo de Atlántico a Artico.

No, eso no lo inventamos nosotros. Seríamos perfectamente incapaces, ni siquiera en un concurso de novela de demencia ecológica y todas sus consecuencias. Además, ¿cómo es que esa gente, aparentemente, no se da cuenta de que no es el hielo que crea el frío, sino que es el frío que crea el hielo?

¿Delirio?  Pero existe.  Nos empobrecería ignorarlo.

Mientras tanto, toda esta banquisa al oeste del archipiélago canadiense sigue imperturbablemente con su comportamiento tal como desde incontables milenios, desde que hubo hielo; su comportamiento de deslizarse sin prisa ni pausa hacia el oeste, a lo largo de Siberia, hasta las islas de Frantsa Josifa y de Spitsbergen, o sea la propia Europa.

Más exactamente, no es el hielo que se desliza hacia el oeste, hacia Europa, sino que es el globo que se mueve hacia el este, debajo del agua debajo del hielo - y, por la viscofluencia del agua, la capa de hielo no recibe todo el movimiento del globo con sus continentes, y es Europa que se va adelantando hacia este hielo.

Regresando; rodando otra vez por el océano helado. Empapándonos de esta experiencia única porque sabemos que es la última vez.

Fotografía ceremonial más allá, fuera, del continente, sacada.