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campanario nos invita; un campanario siempre con flecha, bien visible encima de todo lo demás. Hay tantas variantes de campanarios, que se podría recorrer Bretaña con el solo propósito de ilustrar el interés de esta variedad.

En este caso, el primer pueblo es Plougastel.  Hasta el lunes.

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Hoy, sábado, descubrimos dos cosas en Plougastel.

Por una parte, el campanario de Plougastel también tiene su particularidad, pero desafortunadamente trágica, recordatoria, de una época bestial en la historia humana, y del lado bestial de la humanidad en general. La flecha original fue destruida durante las grandes invasiones de la segunda guerra mundial, y la flecha que ahora ocupa su lugar, moldeada en hormigón, si bien tiene su elegancia propia, desentona con las piedras seculares de la torre. Quizás habría que utilizar la forma de hormigón existente como soporte, y cubrirla, ornamentarla, de azulejos a la manera de ciertas iglesias coloniales en México, especialmente de algunas en la zona de Cholula, de las cuales, evidentemente, no nos acordamos los nombres en este momento.

Por otra parte, hay, en Plougastel, un notable ejemplar de otra especialidad bretona. Se trata de algo tan sui géneris que es difícil describirlo, y sin embargo es, a la vez, recordativo para nosotros de Iberoamérica.

Se trata de un desorden, en una multitud de estatuas en piedra, "organizado" en hileras alrededor de una figura geométrica de base, representando, en yuxtaposiciones altamente inacadémicas, escenas de la vida y muerte de Jesús por medio de un estilo escultórico altamente inacadémico, y con destellos, para no decir desafíos, de fantasía popular - como ser músicos, e incluso lo que parece ser un bailarín, con vestimenta e instrumentos bretones tradicionales acompañando a Jesús; como ser un crucifijo con un travesaño adicional con el único propósito de ostentar, allí arriba, en cada uno de sus dos tramos, sendos burros, cada burro montado de su jinete; y como ser una insinuación más profana que sacra en la forma de un diablo deleitándose con una doncella generosamente desnuda. En este desorden, hay no menos de 172 personajes, 10 animales, y los instrumentos musicales, de viento y de percusión.

Las similitudes que vemos en todo esto con cierto arte religioso colonial iberoamericano son, por una parte, la inocencia de ejecución sin preocupaciones académicas y, por otra parte, la mezcla incongrua y anacrónica de elementos propios del tiempo y del lugar del ejecutante con escenas bíblicas.

Hasta el lunes.