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A once kilómetros más allá de Cill Airne (Killarney, en inglés), ya no lejos de la península de Dingle, que es la península de San Brendan, alcanzamos el primer exponente de nuestros intereses en Irlanda, un grupo de inscripciones en ogam; de interés, por las inscripciones en ogam que vimos en Nueva Inglaterra.

A primera vista, este ogam es muy formal en contraste con el ogam de Nueva Inglaterra.  Por dos razones.

Por una parte, este ogam está inciso no en pedrejones o afloramientos al natural como el que vimos en Nueva Inglaterra sino en lajas más o menos emparejadas. Será por esta circunstancia que este ogam utiliza, en siete de las ocho piezas presentes, las aristas de las lajas como la línea rectora que el ogam necesita, mientras que en Nueva Inglaterra (y en una sola de estas lajas aquí) la línea rectora está indicada gráficamente, o aun solamente supuesta, en la superficie desigual de la piedra allá (y superficie llana de la laja aquí).

Por otra parte, este ogam no está garabateado a lo más rústico como el que vimos en Nueva Inglaterra sino que está grabado con la prolijidad de una inscripción oficial en un monumento público. Claro, no hay que olvidar, que el ogam de Nueva Inglaterra fue escrito en una tosca avanzada de pioneros, y que el ogam de Irlanda fue escrito en un país de cultura, y además que, en Nueva Inglaterra, fue escrito varios siglos antes de haber sido escrito en Irlanda, según escuchamos en Nueva Inglaterra.

Pero está oscureciendo. A encontrar un sitio donde pernoctar - porque aquí, cerca de las inscripciones, es difícil detenerse, e imposible quedarse.

Encontrado; a dos kilómetros, a la entrada (o salida, si se quiere) de un vetusto puente de piedra, de muchos arcos, sobre un ruidoso torrente. Será muy lindo.

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Sí, lindo es. El puente. El torrente. Los cisnes - todos blancos, no con cuello negro como aquellos que vimos en los ancones del estrecho de Magallanes. Es notable verlos nadar como si el agua fuese un lago en vez del poderoso torrente que es. Tienen alas de tremenda envergadura, esos cisnes. Peces saltan a ver qué pasa fuera de su mundo acuático; a veces, bien grandes; se nos dice que son truchas, y a veces salmones.

Pero hace tres días que estamos aquí, y no por volición nuestra. Todo, y nosotros, debajo de, envueltos por, un temporal arremetiendo noche y día, con lluvias a veces torrenciales, con vientos a veces tempestuosos, con nubes de todos los tintes de gris y en volúmenes casi mayores que el volumen disponible en el cielo.