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Lunes.  Hemos viajado.  Pero no a donde pensábamos.

Como consecuencia de haber perdido un relleno de diente ya varias semanas atrás, ayer el diente empezó a quejarse. Hoy, por la duda, tuvimos que ir a la ciudad vecina de Wilmington - la de Delaware - a hacer reponer el relleno. Y así se nos desintegró nuestra semana entera, y se nos desintegró nuestro plan de aprovecharla holgadamente para concatenar nuestras actividades de aquí a Nueva York sin el fantasma de vernos varados por un fin de semana en un lugar indeseable.

Peor es que la semana venidera está cortada por la desorganización, el frenesí, las libaciones y los accidentes, de Navidad, y que la semana siguiente está cortada por la desorganización, el frenesí, las libaciones y los accidentes, del Año Nuevo.

Entonces, ¿qué? No mucho que pensar. Tenemos que aceptar las cosas como vienen y aguardar todas estas semanas de turbulencias. Una cosa que podemos garantizar, en base a experiencia anterior, es que no nos vamos a aburrir.

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Pasaron los días y las semanas.

Y sí, de manera increíble - por la centésima vez, pero tan increíble como cualquier vez anterior - no tuvimos un segundo cuan do aburrirnos. Es que, apenas nuestra cabeza se libra de todo lo que creíamos que sería todo lo que tendríamos que hacer, al instante se viene con nuevas ideas.

Es menester, y es un placer, insistir - porque es tan inhabitual en este país - en lo amable que es la gente del aeropuertito. Y no sólo los dueños. Todo el mundo. Un mecánico nos invitó a una fiesta. Nosotros, por principio general, rehusamos dándole las gracias. Al día siguiente de su fiesta, nos trajo, por lo menos, dos porciones de torta casera. La hija de los dueños del aeropuertito también nos invitó, a una cena. También rehusamos, con las gracias. También ella, por lo menos, nos trajo yerbas, aromatizadas - algunas con canela, otras con almendra - y bizcochos. Tan inhabitual, en este país, y tan grato poder anotarlo.

Y aquel dueño del comedor de los hongueros también es de esta zona, a pocos kilómetros de aquí.  Quizás, decidimos en chistosa teoría, sean los hongos.