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UU varias estelas, mejor dicho lápidas, en  último estado de desintegración, derretimiento, pulverización - en una de ellas, circular, detectamos nueve medallones circulares repartidos a lo largo de la periferia;

UU ah, y el famoso mural de 600 d.C. ya no existe, reducido a polvo.



Uaxactún

En Uaxactún, hay, según se dice pero no vimos - todo ello invisible, mejor dicho inveable, porque vuelto a tapar como protección contra intemperie y vandalismo, vale decir como si no existiese - el decimosexto mascarón de la plataforma, entero y todavía con su color original; en otro sitio, otros dos mascarones, uno de ellos, enorme, de quizás diez metros cuadrados, de estuco, pintado de rojo; en otro sitio, una serpiente de siete cabezas también de estuco y pintada de rojo; recuerdo, todo ello, del fascinado privilegio de ver en primicia, después de siglos, y antes de su desvanecimiento, los colores originales, arqueológicos, de aquella estatua recién desenterrada, allá, cuando zigzagueábamos por el interior de Colombia.

Así que, lo más memorable de Uaxactún para nosotros es los 24 kilómetros de trocha selvática ida y los 24 kilómetros de trocha selvática vuelta, con su fauna y flora; durante cada kilómetro de los cuales, nos sentimos agradecidos de que no llovía y no iba a llover porque, con agua, esa trocha es ciertamente impasable.

En fauna, vimos tres cosas.

б Una escaramuza entre una ardilla (potencial almuerzo) y una serpiente verde (potencial almorzante), con final feliz para la ardilla e infeliz para la serpiente.

б Monos describiendo arcos y rectas de rama en rama, a veces con elegancia, a veces con atrevimiento.

б Una parodia de tráfico automotor congestionado, a cargo del cuerpo de ballet de las langostas locales. Centenares de ellas, en fila; vestidas de un uniforme negro brillante como el vehículo mejor lustrado, y adornadas de dos grandes focos rojos, pero, para mayor humor, no atrás sino adelante, alrededor de los ojos; avanzando, todas, cabeza contra cola, perdón paragolpe contra paragolpe, en secuencia automatizada, mientras la primera avanzaba; y deteniéndose, todas, en secuencia mecanizada, paragolpe contra paragolpe, cuando, por algún obstáculo, la primera se detenía. Qué lección para cierta parte de la humanidad, reducida, no por imposición sino por voluntad propia, al nivel de langosta.

Notas de Tikal.

Como prólogo, una palabra nueva para una realidad nueva; la realidad nueva: un zigurat como ninguno visto hasta ahora, tan enhiesto que hace pensar en el fabuloso zigurat de Babel; la palabra nueva: acro-zigurat.

T Desde una espaciosa plaza - pero no la principal entre las varias - una amplia escalinata, anchísima, se eleva hacia la Plaza Mayor. Y, en la Plaza Mayor, ¡qué vista!