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Aquí vamos a pernoctar. En la oscuridad total, se ve sólo el perfil de las dos torres - sin focos, altoparlantes, cables, piolas; y se puede ver qué especial sería esta fachada sin sus brutas desfiguraciones.

Y las ronchas; resorbiéndose, pero lanzando a veces una ola de picazón, felizmente no en todo el cuerpo a la vez.

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Esta mañana, fuimos a hablar con el Padre.

Descubrimos en él todo un ser humano de mucho interés. A más de hombre de religión - de religión activa (no está de acuerdo con los curas que esperan en sus torres que la gente venga a verlos, sino que sale a la calle y va de casa en casa; y, parece que con mucho éxito, con grandes cantidades de adultos bautizándose, grandes cantidades de parejas hasta ahora en unión libre casándose) - es también hombre de arte, de finanzas, de arquitectura: es el motor y promotor de la construcción, ahora en marcha, de una iglesia mucho más grande: es él, quien inició y continúa la campaña de financiamiento; él, quien dibujó los vitrales que se va a utilizar; él, quien dibujó la estatua que se va a colocar encima del domo en vez de una cruz. También es él, quien dibujó un traje típico bordado para las jovencitas de la comarca; etc. etc.

Cuando le quisimos mostrar un par de fotografías que tomamos de la catedral de Brasília, bien inútil fue porque él ya la conoce por fotografías, por fuera y por dentro.

En cuanto a la maraña de cables y piolas de la iglesia, así lo heredó, hace un año atrás, cuando tomó cargo de esta parroquia; tiene planeado cambiarlo todo, y, en el acto, llamó a unos jóvenes a despejar por lo menos las piolas para que pudiéramos tomar una fotografía.

Ahora, a cambiar el neumático difunto; realmente fue una cuadruple providencia que nos evitó un posible desastre con el reventón de un neumático delantero, sobrecargados que estamos: una, haber cambiado nuestros planes y parado aquí, donde no teníamos previsto parar, en vez de seguir, y posiblemente tener el reventón; dos, dejar las ruedas muy dobladas, como nunca lo hacemos; tres, que la rueda se haya detenido justamente en la posición perfecta para hacer visible la rajadura; cuatro, que la mirada haya pasado casualmente por la cubierta, y por ésta y no la otra.

Y ahora, hacia nuestro encuentro con el encuentro de Cortés y de los Tlaxcaltecas.

Un fuertísimo viento lateral levanta una polvareda de la tierra desecada, arada pero sin cultivos en este momento.