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6. Voz de mujer llorando en las noches.
7.  Una vez, alguien atrapó un pájaro tan extraordinario que lo fue a mostrar a Motecuhzoma. En la coronilla del pájaro, había como un espejo. En el espejo, Motecuhzoma vio estrellas, si bien era de día - lo que tuvo de muy mal presagio; cuando miró otra vez, en vez de estrellas vio como guerreros a cuestas de venados. Cuando llamó a sus magos a pedirles su oráculo, ellos nada vieron.
8. Gentes con deformidades, apareciendo y desapareciendo.

Por otra parte, tiene dudas profundamente perturbadoras. ¿No podría ser el recién llegado aquel dios Quetzalcóatl de tez clara y con barba, o sea extra-continental, que, alguna vez, estuvo en Tula y que, según las legendas, prometió volver desde el este, y cuyo retorno justamente había sido pronosticado por los adivinos para ese mismo año? En adición, a más de las legendas, siempre fácilmente sujetas a sus incertidumbres, a más de los pronósticos, siempre fácilmente sujetos a sus incertidumbres, había la realidad innegable de que el año 1519 de la aparición de Cortés era justamente el año azteca ce-acatl, o sea año 1-Junco, y que ese ce-acatl era precisamente el nombre calendárico de ... Quetzalcóatl.

Por la duda, le manda regios regalos a la misteriosa aparición - entre otros, en una fenomenal lista, objetos confeccionados de turquesas, oro, plumas de quetzal, nácar, jade, jadeíta, obsidiana, caracoles, piel de tigre, plumas de faisán, en toda clase de combinación; también un gran escudo de oro representando el Sol y un gran disco de plata representando la Luna, lo peor que podía haber hecho - y le pide se retire; el mismo error que, años más tarde, totalmente por separado, iría a cometer, como vimos, Atahualpa/ Atabalipa en el Perú; en vez de borrar los invasores del mapa, de entrada.

También manda, por la duda, sus mejores magos para causar maleficios a los forasteros e impedir que se acerquen a Tenochtitlán.

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Ante los regalos recibidos, el instinto de rapacidad de Cortés se agudiza: tiene que capturar al soberano y subyugar su imperio.  Pide audiencia.

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Y mientras espera la invitación, le viene a visitar y, sin duda, evaluar, una delegación del gobierno de la nación local, los Totonacas, desde su capital, Cempoala - o Zempoala, poco importa; y así él se entera con regocijo estratégico que son súbditos involuntarios de, y odian a, los Aztecas.

Urgentemente, va él mismo a Cempoala a asegurarse, a pocas semanas de su debarque, su primer aliado nativo-contra-nativo.

A Cempoala, pues, vamos.

Cempoala; pero ya de noche; mañana, veremos.