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dirección, recta o curva, y sigue. Apretar las tres teclas, y recostarse contra un pilar, esperando que el trabajo se haga, no requiere ser ebanista. Y ahí vimos media docena de mesas de trabajo, cada una con su plantilla electrónica, más como en una oficina que como en una fábrica.

Seguramente - más que admirar el robotnik cumplir órdenes del esténcil electrónico, cortando y formando su madera - sería más apropiado dirigir la atención hacia, sería mucho más profundamente cautivante seguir, los intrincamientos del estudio del programador que supo analizar los pormenores del trabajo, traducirlos en términos electrónicos, retraducibles fielmente en movimientos exactos por una herramienta; y asimismo seguir los laberintos electrónicos de la plantilla, que alguien supo construir, capaz de percibir, almacenar y re-emitir directivas cómo y cuándo necesario.

Nos parece que el ebanista y el astrónomo de hoy tienen algo en común: a ambos se les fue la gracia del contacto directo con su madera y sus estrellas; todo va por procesadora de algún tipo.

No hay sorpresas, en el ensamblaje de las piezas; ni en el emparejamiento de las juntas con pequeñas pulidoras circulares del tamaño de una mano.

Esta fábrica se dirige a dos clientelas; aquella que quiere emular el estilo burgués de antaño, y aquella que busca refugio en el estilo rústico de antaño.

En el renglón burgués, la clave del éxito estriba en el uso extensivo de enchapado - esas delicadas láminas de sólo un milímetro o dos de finura - de madera de distinción, ya que un mueble "de caoba" (u otra madera fina) no es de caoba sino de madera vulgar hábilmente cubierta de un milímetro o dos del noble caoba (u otra madera fina). Una ventaja de dicho sistema, a más de la fundamental, económica, es que se puede hacer combinaciones de dibujos de la madera, marquetería, que quizás no sería posible con madera maciza.

|¯¯| Tercera sorpresa.

En el renglón rústico, la clave del éxito estriba en una cruel flagelación de los muebles todavía en crudo, con pesadas cadenas metálicas. Sí, eso fue nuestra tercera sorpresa, cuando, sin preaviso, vimos dos mujeres agredir a cadenazos un mueble indefenso. Mientras tanto, un hombre armado de un taladro se esmeraba en dañar los costados de una mesa, arrancándole astillas. ¡Absolutamente increíble! Y todo, para satisfacer el estereotipo de rusticidad de la infeliz mentalidad de cierta burguesía de hoy.

El cenit de refinamiento: muebles pre-dañados directamente de fábrica. ¿Y por qué sorprenderse?  Es exactamente lo mismo que la ropa nueva pre-desteñida, >>>>>>>>