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\CC/  Hoy, domingo, anochecer.  Estamos en Caracas.

Sin saber qué estábamos haciendo, la pegamos justito al estacionamiento de lo que parece ser el centro comercial más grande de la capital. Quizás mejor para nosotros.

Ahora sabemos que nuestro promontorio era el último punto de la costa con mareas solamente marinas; los 40 kilómetros siguientes fueron de una costa sumergida cada vez más por la marea humana, siempre de mal en peor.

Pasamos por el puerto de La Guaira, donde tendremos, eventualmente, que mandar nuestro vehículo por mar; y pasamos por el aeropuerto de Caracas, mejor dicho, el aeropuerto que sirve Caracas, desde donde nosotros mismos volaremos, todavía no sabemos a dónde.

Los últimos 30 kilómetros para llegar a Caracas son una ininterrumpida subida desde la costa a los 900 metros de altitud de la capital por una autopista y sus túneles. Donde termina la autopista, empieza el gran dolor de cabeza de la maraña de autopistas urbanas de Caracas.

Fue más por feliz instinto que cualquier otra cosa, que llegamos a la vecindad de nuestra meta, un pequeño aeropuerto regional dentro de la ciudad. Pero a la vecindad solamente. Allí, de nada sirvió feliz instinto ni profundas cogitaciones. ¿Qué hacer en una autopista corriendo a lo largo mismo del aeropuerto, con bifurcaciones por todos los lados, pero ninguna llevando visualmente a la entrada, y ninguna con cartel mencionando el aeropuerto? Increíble que no haya un solo indicador marcando la entrada de un aeropuerto.

Finalmente, cuando, por una de esas casualidades, enhebramos por el paso correcto, fue sólo para enterarnos de que es aeropuerto militar; pero, en el mismo acto, de que, a un costado del aeropuerto, se encuentra el gran centro comercial donde estamos ahora.

Con algo de suerte y algo de lucha, llegamos pues sin quererlo a lo que, parece, va a ser nuestro cuartel general en Caracas.

Mañana, empezará - podrá empezar y tendrá que empezar - el análisis, la organización, la combinación, de nuestros próximos pasos; de nuestros sin duda difíciles pasos de regreso de América del Sur a América del Norte, sin comunicación vial, según tenemos comprobado por nuestro cruce de la selva del Darién.

Ya varias diversas veces, evidentemente, se nos estuvo aflorando, anticipadamente, a nuestra mente este problema de cruce de Sur a Norte - >>>>>>>>