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En resumen, Bahia, o sea Salvador, es ciertamente la gran aventura soñada para el Vespucciano que nunca vio otra cosa que su parca capilla episcopal o luterana, o lo que fuere, y su mundo de plástico, neón, y de viviendas de láminas y panales. Pensándolo bien, también sería una gran aventura para ciertos Europeos.

Estamos saliendo, por fin, de este manicomio por su única salida.

Los arrabales de la ciudad, que parecen ser la mayor parte de la ciudad, se extienden, como un mar de casitas, de lomas en lomas; todas las casas, de emergencia, si bien, muchas veces, de ladrillos. Sin duda, cada vivienda tiene una vista que nadie le tomará, pero nos preguntamos con dudas qué clase de servicio de agua y desagüe tienen.  Probablemente ninguno.

Y llueve, llueve. Toda nuestra visita de Salvador-Bahia fue esquivando lo más fuerte de chaparrones incesantes. En realidad, desde São Paulo, está siempre por llover, a veces lloviendo; muy poco a tono con la imagen del Brasil soleado. Mientras, en esta franja litoreña, es sólo un inconveniente; esperemos que la cosa sea diferente en el cruce de la Amazonia.

Otro vuelco de un camión. Pero, esta vez, con un detalle adicional. Mientras el camión yace a un lado de la carretera, del otro lado de la carretera, a unos 50 metros, hay un montículo de chatarra que era un coche de los pequeños. ¡A qué velocidad hubo de ser la colisión, para encontrarse así a 50 metros uno del otro!

Vamos a pasar la noche otra vez en un caravanserrallo de servicio; después del pueblo de Alagoinhas.

Empezamos a sentir que esos caravasares no son tan malos para nosotros; porque son bastante extensos como para que podamos quedar un poco apartados, incluso más lejos de la carretera de lo que podríamos de otra manera, y sin embargo con la protección del agrupamiento de camiones que también pasan la noche así.

Algunos camioneros viajan con su señora, e incluso, no infrecuentemente, con su señora e hijos. Algunos sacan a relucir un receptor de televisión, con electricidad de la batería del camión.

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Esta mañana, un viejo conocido que no hemos visto en semanas: el Sol; Sol radiante. Adelante, hacia el norte, más exactamente, el noreste; alcanzando ya meridianos del sur...este de Groenlandia.

Aquí, al norte de Bahia-Salvador, la carretera sigue, otra vez, un poco tierra adentro.