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Hoy, estamos otra vez tragando kilómetros.

La topografía sigue su tendencia iniciada ayer, a suavizarse y abrirse.

Entre pueblos, estamos otra vez en una de las innumerables zonas semi-áridas de América; y ahora, peor que ayer, porque, en vez de los eucaliptos, bambúes, bananos, por más escasos que hayan sido, ahora se ve sólo cactos.

En los pueblos, estamos otra vez en Centroamérica: un hormigueo de sencillez.

Por aquí, uno no se daría cuenta, pero sabemos que más hacia el puerto de Ilhéus, a nuestra derecha, se extiende la zona tradicional de las grandes plantaciones de cacao. Como educación de fazendas de cacao de décadas idas - o quién sabe si tan idas - Božka lee, trata de leer, a razón de poco por día, el libro muy apropiadamente titulado Cacau, de Jorge Amado.

Pensamientos leídos en camiones y carteles: "Hasta aquí Dios ayudó"; "Maneje con amor"; "Plante hoy para respirar mañana"; "El hombre, líder de depredación"; "Ame la naturaleza".

Ahora, en la zona de Milagres, nos vemos vívidamente otra vez en Arizona y otras partes del sudoeste de Vespuccia - por la topografía de vastas llanuras levemente hundidas extendiéndose de morro en morro, de mesa en mesa; y por la aridez; y por el tipo muy precario y elemental de viviendas.

Vamos a pernoctar como reyes, lejos de la carretera, en los fondos del mini-latifundio de una estación de servicio.  Cerca del pueblo de Itati.

A pocos kilómetros antes de llegar aquí, un chango quiso vendernos una boa.

El tiempo siguió fresco y muy ventoso todo el día. Quién creería que, hace un par de horas, cruzamos el paralelo 14 en dirección al ecuador.

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Esta mañana, por primera vez en una eternidad, tuvimos la opción de viajar por un camino segundario.  La tomamos.

A medida que nos acercamos perpendicularmente a la costa, ya a la altura del puerto de Salvador, va cambiando el ambiente: la topografía perdió en grandiosidad pero ganó en amabilidad; la vegetación natural va delatando más humedad.