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Vimos la reliquia; unos medio-restos de gruesos muros medio-reconstruidos - gruesos porque la construcción, antes de volverse por casualidad la casa natal del incomprensible héroe, fue parte de una misión jesuítica; lo que, a su vez, es un presagio de lo que nos espera más al norte, en el Paraguay.

A pesar de encontrarse la ruina totalmente protegida de la intemperie por un santuario de categoría a la altura de las circunstancias, de entre sus piedras crece una plantita sin recibir jamás riego de nadie. Nos parece un milagro que a nadie se le haya ocurrido declarar este hecho un milagro en el solar del Santo de la Espada.

Seguimos tragando kilómetros.

La tierra se ha vuelto rojiza, oscilando entre rojizo casi calcáreo y borravino muy oscuro.

Sin duda nos vamos acercando otra vez a los intertropos; y más exactamente a los barítropos; no más acrótropos, de este lado de América. Recién vimos nuestros primeros bananos en esta parte de la Expedición. Las viviendas también se van poniendo al tono: frecuentemente, con paredes de armazón de ramas, tapada, revocada, de barro, con techo de paja, y con grandes aleros o galerías para proveer una vivienda al aire libre, pero protegida de las lluvias.

Y mientras tanto, por radio se escucha de una gran ola de frío antártico barriendo el sur argentino. Es que el clima de este país se extiende desde los calores subtropicales, por todas las gradaciones intermedias, hasta los fríos polares, sin olvidar variaciones adicionales debidas a altitud.

La carretera sigue muy buena; con tráfico escaso - y cada vez más escaso; en su mayoría, de camiones con acoplados.

Las indicaciones viales, hay que destacar, son excelentes. En cada caso, primero, aparece un cartel de advertencia, rezando "Acate las indicaciones viales"; luego, viene otro cartel, rezando "Atención, peligro a 500 metros"; luego, otro cartel advierte "Atención, a 300 metros, empalme Ruta ..."; luego, viene un cartel reduciendo la velocidad máxima a 60 kilómetros; luego, otro, reduciendo la velocidad a 40 kilómetros; luego, otro cartel ilustra el diagrama del empalme; y finalmente, aparecen las flechas direccionales con los topónimos del caso.

Hablando de topónimos, de vez en cuando, vemos topónimos en los carteles, y también los vemos en los mapas, topónimos que siguen proclamando, como en tantas otras partes de la Argentina y de toda América, que estas tierras, antes de haber sido robadas por los Europeos, tuvieron otros dueños. Topónimos como Curupicay, Curuzú Cuatiá, Caa-Cati, Mburucuya, y otros.

La Argentina en especial parece haber hecho el trabajo de genocidio de indios más completo del continente porque aquí es donde hemos visto menos sus restos, >>>>>>>>