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Hoy fue un larguísimo día, resumible en pocas palabras.

Sabíamos que queríamos encontrar, en cualquier momento, en cualquier lugar antes de Buenos Aires, una oportunidad para civilizar un poco nuestro coche, o sea librarlo de increíbles cantidades de polvo y proveerlo de liberales cantidades de engrase. A los pocos kilómetros de andar, pasando por el pueblo de Conesa, se nos ofreció tal oportunidad, a la perfección: un sitio con pasto, rodeado en todos sus costados, salvo la entrada, por hileras dobles de altísimos álamos.

Entre trabajos, previsto e incidentales, pasó el día volando. En ciertos recovecos de la carrocería, encontramos increíbles acumulaciones de polvo ya endurecido en un sedimento de una multitud de capitas superpuestas de varios colores; una documentación de todos los terrenos por donde pasamos durante esta Expedición hasta ahora; ah, si supiéramos de dónde viene cada capita ...

Los álamos que cierran el horizonte de manera variada por todos los lados - por constituir el cerco, por lo visto, preferido de muchas parcelas de por aquí - no por numerosos son menos notables: son altísimos, y lamentamos no atrevernos a juzgar su altura; siendo parte de la vida diaria, nadie se fija, pero si fueran caídos y moldeados en minerales, qué notables serían.

Nos parece que haber visto pingüinos y leones marinos nos da un nuevo enfoque del bicho humano.

/\ En las primeras horas de la mañana, vimos desfilar grupos tras grupos de gentes, todos, con la panza en la misma dirección; y en las últimas horas de la tarde, vimos desfilar grupos tras grupos, presumiblemente de las mismas gentes, todos, con la panza en la dirección opuesta; salvo que no tenían, ni remotamente, la prestancia y distinción de los pingüinos.

/\ Además, los pingüinos no tiran envoltorios al suelo y no golpean en cada poste de alumbrado público que encuentran. Tampoco hemos visto un solo pingüino bastante estúpido como para proclamar su estupidez a kilómetros a la redonda con una motocicleta o un coche de centenares de decibeles de escape libre.

/\ En cuanto a los leones marinos, cuando los estábamos observando, no pudimos no observar su comportamiento humano de insistir en aglutinarse en colonias, pero en siempre desafiarse y pelear.

Creemos que nuestro contacto con esos pingüinos y leones marinos nos dio un enfoque modificado del animal humano.

Pasaremos la noche aquí mismo.

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