español english français česky

Como ésta no es la época de cerezas, la maquinaria para esta fruta estaba parada, pero nuestro guía nos la mostró y explicó igual. Dos fueron las máquinas que más llamaron nuestra atención.

Una, es la máquina saca-carozo. Muchas veces nos habíamos preguntado cómo se puede sacar carozos por mayor, y aquí vimos que, en realidad, es muy simple.

Se trata de un cilindro horizontal revolvente provisto de hileras de hoyos de un tamaño adecuado para cerezas; en la parte más honda de cada hoyo, hay un pequeño agujero. De aquí en adelante, ya se puede adivinar la operación: las cerezas van cayendo sobre el cilindro, se anidan cada una en su hoyo y, a medida que el cilindro va revolviendo, cada hilera de cerezas está perforada por una hilera de varillas.  Bastante simple, una vez que se sabe.

La otra máquina sirve para separar las cerezas desmejoradas de las buenas.

Se trata de una combinación, por una parte, de un aro hueco horizontal giratorio con un vacío neumático adentro, provisto a intervalos de pequeños orificios como ventosas donde el vacío de adentro produce una succión; y, por otra parte, de un ojo eléctrico. Las cerezas se van aproximando, en hilera, al aro; quedan atrapadas una por una por estas ventosas; y, a medida que el aro va girando, las cerezas en las ventosas están presentadas al ojo eléctrico, que detecta por el color si la cereza es buena o mala; luego, en la parte más asombrosa de este proceso, y que ni nuestro guía pudo explicarnos, las cerezas buenas están eyectadas hacia un recipiente y las cerezas malas, hacia otro recipiente, justo al lado. Nos gustaría saber cómo se efectúa este pequeño milagro, pero si nuestro guía, que era el capataz de la planta, no supo explicarlo, tendremos que quedarnos con las ganas.

Naturalmente, esta planta tiene su laboratorio de análisis para ir verificando la calidad de la mercadería producida, si bien uno se pregunta - así como en el caso del molino de harina - por qué tanto esmero en la verificación de la calidad por una parte si, por otra parte, no se tiene reparo en agregarle cloro y otros elementos químicos a la alimentación humana por la sola razón de cosmética del producto.

Finalmente, en las oficinas de la planta, vimos un cartel lamentable, y sorprendente en este siglo XX y en este país que se proclama y se quiere imponer como el diamante de la humanidad. Decía así: "Por circunstancias imperantes en la zona, los operarios tienen la obligación de presentar un certificado de reacción negativa de tuberculosis antes de empezar a trabajar".

. .
*