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// Entre ellos y nosotros hay, ahora, un mundo de cerros mucho más bajos, que - por su misma vegetación raquítica, rala, donde más se destacan unos cactos - evidencian que todavía sigue la aridez. Sí, la aridez. Por lo menos en esa tajada de altitudes.

/// Y nosotros seguimos el declive de un valle, en un tercer mundo, cada vez más cultivado y arbolado, con extensiones cada vez más grandes de viñedos, de frutales y de nogales. Algunos tipos de árboles están sin hojas por ser invierno ahora, en agosto; otros, tienen un frondoso follaje y copiosas cargas de frutas. También vimos casos - mágicos a nuestros ojos, después de tantos meses de desiertos - de árboles en flor.

Estamos atravesando un tipo de Chile muy diferente del que vimos hasta ahora.

Ya pasado el pueblo de Llayllay, miramos atrás: va desapareciendo la Cordillera; un poco por la distancia, pero mucho por la estampa del progreso, la contaminación del aire.

Se terminaron los viñedos, como por común acuerdo; y como por común acuerdo, aparecieron cultivos de flores y hortalizas, tanto al aire libre como en grandes invernaderos.  También, frondosos paltos y chirimoyos.

Muchos de estos cultivos están cercados, como si fueran centros industriales de alta tecnología, como ya vimos en la Argentina. Algunos predios toman la cosa tan en serio que, en adición, ostentan carteles que no dejan lugar a dudas o chistes: al lado de una calavera y de dos tibias, rezan, según la inspiración de la empresa, "Peligro" "Se Prohibe Entrada" "Rondín Armado" "Campo Minado" "Cerco Eléctrico".

Brr.  Lo único que falta, que se prohiba tomar fotografías.

Se está acercando el anochecer. Estamos a unos 50 kilómetros de Valparaíso. En esta zona siempre cultivada, siempre poblada, no habrá gran elección en lugares aptos para pernoctar. Nos vamos a parar al borde del camino no más. Por lo menos esperamos que podemos hacerlo sin peligro en esta parte de Chile.

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Esta mañana, nos despertamos con un total cambio de tiempo: está garuando, y niebla tapa la vista por los 360 grados. Apreciamos todavía más, en retrospecto, el magnífico tiempo soleado, de cielo azul, que nos acompañó durante el cruce de la Cordillera. Sería interesante saber si esta garúa y niebla es una condición local de los bajos o si en las alturas también hay ahora nebulosidad y precipitaciones, con los consecuentes inconvenientes de tránsito serpentino que nos podemos imaginar demasiado bien.