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Iremos ahora mismo. El museo estará cerrado a estas horas pero tenemos la esperanza de encontrar un sitio fuera de la ciudad, cerca del museo, para pernoctar. Recién mañana, después de, quizás, juntar más datos, anotaremos todo en una sola vez.

Sí, tal como esperado y planeado, estamos estacionados para la noche en una cantera a cien metros del museo.  Mañana, veremos.

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Visitamos el museo; un museo cuyo rasgo no menos extraordinario es que está abierto diez largas horas ininterrumpidas en días hábiles, y apenas sesenta minutos menos en fines de semana y días feriados. Su pertenencia de mayor transcendencia, a nivel local, nacional y mundial, es el famoso chasquí inca, como lo llaman, congelado; pero, entre sus otras pertenencias, vimos cosas que, a nuestro modo de ver, son por lo menos tan únicas.

[] En cuanto al así-llamado chasquí inca de carne, hueso y sangre, aprendimos, entre ayer y hoy, lo siguiente.

~~ En verdad, por una parte, no hay ningún indicio que sugiera que fue un chasquí del famoso cuerpo de correos del emperador inca; y, por otra parte, la denominación de inca, hay que entenderla como la inveterada manera errónea - hasta en la boca de eruditos descarriando las masas que tendrían que guiar - de referirse a los súbditos incaicos. Así se derrite la romántica fórmula de chasquí inca. Pero, haber encontrado, tantos siglos más tarde, un súbdito de los famosos incas, un Tahuantinsuyense, de carne, hueso y sangre, ya es bastante.

~~ Fue encontrado, por pura casualidad, por andinistas que sólo pensaban en conquistar la cumbre de un cerro, pero que, de paso, tropezaron con la calota de un cráneo, sin sospechar que debajo del cráneo les esperaba todo el cuerpo completo. Ocurrió a principios de 1964, a 6.300 metros de altitud, en el cerro El Toro, a cien metros debajo de su cumbre.

~~ El sitio se agregó, así, a la nómina bastante nutrida de santuarios de altura, o sea de entre 5.200 y 6.700 metros; sitios arqueológicos los más altos de la Tierra, ya que no hay nada parecido a tales altitudes ni siquiera en los Himalayas; también se volvió, con sus 6.300 metros, el enterratorio más alto de la Tierra; y se sumó a una lista de dos tales santuarios-de-altura-con-cuerpos-humanos conocidos ya previamente: una mal-llamada momia se halló ya en 1905 en el nevado de Chañi en la provincia de Jujuy, a 6.000 metros de altitud, de un niño de entre cinco y nueve años, con su ajuar funerario; y, luego, en 1954, se halló otro cadáver congelado, a 5.400 metros, en el cerro El Plomo, del lado chileno de la Cordillera, al noreste de Santiago, de otro niño con su ajuar funerario.