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Dicha costra externa está quebrada en placas yuxtapuestas delineadas por grietas entre ellas. De vez en cuando, se escucha crujidos en dicha costra, bajo el efecto del calor, crujidos que tienen un sonido hueco, amplificado por las cámaras de vacío debajo de las placas de la costra, haciéndonos acordar del fenómeno análogo de expansión y contracción de la estructura de aluminio de la iglesia de la escuela de aviación militar de Vespuccia - en Colorado Springs, si bien nos acordamos.

Llegamos al sitio marcado como Escalerilla en nuestro distinguido mapa.

Parte del trayecto, viajamos ya de noche. Poco tráfico, como poco tráfico hay siempre, aun de día, pero suficiente para notar la disciplina de los conductores, que tienen todas sus luces en condiciones, y hasta se dignan bajar la luz larga para no encandilar.

En cuanto al pueblo, el empalme está aquí, pero - aun en plena oscuridad, y sin juego de palabras, a todas luces - pueblo aquí no hay. Linda trampa para el viajero, ¡un mapa que muestra un pueblo que no existe! Y eso que nosotros no necesitamos comida o alojamiento, los llevamos puestos. Pero sí, necesitamos información para tomar una determinación; quizás veremos un camión que desemboque del camino lateral.

Recién se nos ocurrió explorar las ondas radiofónicas para ver qué hay en el medio del desierto. Quizás haya desierto todo alrededor nuestro, pero, para nuestro gran refresco mental, no hubo nada de desierto en la radio; muy al contrario, una nutrida elección, lamentablemente toda de estaciones muy lejanas y no muy audibles - incluyendo, una obra teatral completa de Beaumarchais en un programa semanal denominado Las Dos Carátulas, El Teatro de la Humanidad, de la Argentina, una expresión cultural cuyo igual o análogo nunca captamos en ninguna radio; música clásica, no sabemos de dónde; tangos, de Argentina evidentemente; y música ligera, pero sin ofensa para la inteligencia y el buen gusto, no sabemos de dónde. Sólo nos faltó un poco de algunas de las músicas andinas que tanto nos deleitaron en el Perú y Bolivia.

Pronto, o sea mañana mismo, hemos de saber si este surgimiento de cultura radiofónica se debió sólo al ser hoy domingo, o si estamos por ingresar a una zona genuinamente culta de América.

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Esta mañana, abrimos los ojos sobre un ambiente de no creer.

El mundo alrededor nuestro, tapado y sellado por una densa niebla, y nosotros, como un fantasma en el medio; el coche, literalmente chorreando agua; y el piso del desierto, genuinamente mojado, aun cuando en sólo una película de una >>>>>>>>