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En realidad, en el puesto fronterizo chileno, ya habíamos visto otros seres igualmente diferentes, pero, aquí, el maestro detona todavía más en medio de sus nueve alumnitos, todos Aimaraes. Al respecto, según nos dijo, los Aimaraes de aquí hablan su aimará, pero no entienden muy bien el aimará de los Aimaraes bolivianos.

Aquí vamos a pernoctar, y todavía, en contra de nuestras expectativas sin fundamento, a unos 4.000 metros de altitud.

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Esta mañana, por lo visto, no estamos, mejor dicho la altitud no está, por bajar. Más bien estuvimos subiendo; recién alcanzamos 4.400 metros, y seguimos oscilando ahora alrededor de los 4.200 metros. La topografía sigue de altiserranía. Ya cruzamos varios arroyitos de poca agua y, de todos modos, helados duros como piedra.

La vegetación es típica de páramo y muy rala.

De vez en cuando, se vislumbra, por entre la serranía inmediata, picos con su tímida punta nevada. Todas las cimas heladas que vimos desde ayer en esta parte de la Cordillera parecen damas de finas estirpes con los párpados púdicamente bajados.

También se ve, con cierta frecuencia, conos volcánicos, pero ya con evidentes rasguños de erosión.

A medida que va adelantándose la hora - son las nueve en este momento - va aumentando el tráfico, todo, de camiones y camionetas, todos, en dirección contraria a la nuestra, vale decir hacia Bolivia, y todos, cargados de contrabando.

El camino se volvió pésimo, de piso muy irregular, angosto, y en cornisa. Los brincos no permiten más de 10 a 15 kilómetros por hora. Es tremendo ver los cargamentos de equipos electrónicos pegar semejantes saltos.

Este camino parece ser un indicio confirmando nuestra impresión de que los Bolivianos, o muchos Bolivianos, en sus condiciones geográfica y geológica muy difíciles por cierto, están resignados a su irremediabilidad y las consideran como el peldaño más bajo de la escalera: todos nos cantaron la superioridad de los caminos chilenos "apenas cruzada la frontera" decían, pero este camino oscila entre malo y pésimo, como tantos caminos bolivianos.

El paisaje se volvió muy variado e interesante: hay muchos indicios de grandes erosiones marinas antiquísimas, con formaciones rocosas a veces fantasmagóricas; y, entremezclado con lo anterior, las grandes extensiones de >>>>>>>>