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» Pero, sí, conseguimos comprar un grabador en reemplazo de dos de los tres que teníamos, y que, paulatinamente, rindieron el alma. No es éste exactamente el que buscábamos, pero ya había que comprar algo, de emergencia, porque ya habíamos buscado en Quito y en Lima, y no habíamos encontrado algo aun aproximadamente satisfactorio para nuestro uso.  Los monumentos electrónicos altisonantes, grandilocuentes, con varios altoparlantes, receptor de radio incluido y pinta bárbara, es fácil conseguir, pero, por lo visto, los grabadores chicos para reporteros, no se consigue tan fácil.

  ¿Y dónde conseguimos este pequeño milagro aquí, en La Paz? ¿En algún negocio céntrico de la única avenida céntrica? No. Ahí fuimos primero, y ahí no tenían. ¿Dónde pues? Subiendo por la calle Sagárnaga, en el desorden y remolino de un mercado indígena extendido sobre decenas y decenas de cuadras. Muy inesperado y extraño, hablar, con cholas típicamente ataviadas de pies a cabeza, de precio y de especificaciones técnicas de productos electrónicos.

Ya varias veces vimos rejillas cubriendo los faros de los automotores, como habíamos visto en el Perú. Hasta ahora, en nuestro voto de confianza a la honestidad boliviana, habíamos querido suponer que era contra golpes. Pero hoy preguntamos, y preguntamos varias veces: no, son rejillas contra robo.

En nuestras andanzas por la ciudad, nos encontramos con una incomprensible mezcla de indicaciones callejeras, muchas veces excelentes, pero a veces imprevistamente y, se podría decir, traicioneramente, subdesarrolladas, como ser una calle de doble mano que se vuelve de mano simple aun cuando su ancho sigue como para doble mano; o como ser una calle con dos indicaciones contradictorias: una de mano simple, otra de doble mano.  Y otros casos.

Con tiempo menos nublado, tuvimos repetidas oportunidades de admirar el panorama, no soñado si no visto primero, de la Cordería Real Paceña con sus indudables colosos como el Illimani, el Huaina Potosí, el Illampu, el Ancohuma, todos de 6.300 metros para arriba; parecen más inmediatos e imponentes que los cerros quiteños.

El aminoramiento de las lluvias es más, para nosotros, que una comodidad de cada día; es de gran importancia para nuestro cruce de aquí a Chile.

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Hoy, a más de varias diligencias, también visitamos el museo Murillo. Un pequeño museo heteróclito de la época del proto-mártir de la independencia boliviana; tan heteróclito en tiempo y temas abarcados que incluye, no se sabe muy bien por qué, artículos de arqueología, y de curanderismo y magia.