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embargo, es indiscutible que, hasta fines del siglo XIX, persistentes relatos de elusivas criaturas llamadas gorilas eran ridiculizados persistentemente, y hoy no pocos zoológicos tienen un par de gorilas encarcelados. ¿Entonces? ¿Dónde está la realidad?

En Ayaviri mismo, en un ambiente más que ordinario, tuvimos la sorpresa de encontrar una iglesia que ciertamente podría ser una de las mejores del Cusco; por su fachada, por su interior de grandes piedras al natural sin revocar, por sus grandes cuadros y los correspondientes marcos que se puede llamar solamente monumentales, y por sus tejas multicolores.

Aquí, vamos a pasar la noche, pegados contra el puesto de la guardia civil. Los oficiales mismos nos dijeron "Ojo, en Ayaviri, y doble ojo, mañana, en Juliaca".

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Esta mañana, siguiendo el camino hacia el lago Titicaca, tenemos más oportunidad de empaparnos de qué es un altiplano: una planicie totalmente llana, con un camino totalmente recto, con lomas varias en una lejanía u otra, como todo ello ciertamente podría darse al nivel del mar, salvo que, aquí, seguimos oscilando entre 3.800 y 4.000 metros de altitud.

Mucha agua estancada.

No se ve más llamas o alpacas. Ahora, es el dominio de las ovejas, en rebaños de varios centenares de cabezas cada uno.

A pesar de ser muy escasa la vegetación, hay una profusión de florcitas, que no se atreven a levantar la cabeza muy por encima del suelo, pero cuyos colores brillan con toda la alegría de vivir. También hay unos arbustitos enanos, apenas menos aplastados que los arbustos bidimensionales que vimos en el Alto Artico.

El camino sigue siendo malo y, siendo la carretera internacional, de La Paz a Lima, sigue siendo incomprensible y vergonzoso. Cómo sufren las cubiertas, los elásticos, los amortiguadores, hasta las más ínfimas tuercas del vehículo.

Pasamos de la parte quechua a la parte aimará del Tahuantinsuyo, o sea del Intisuyo al Collasuyo.

Ah, ¿y las lluvias - las lluvias torrenciales? Por ahora, nada. Como nos comentaron en el Cusco, éste parece ser un año abnormal. Mejor para nosotros; pero, con qué autoridad y realismo nos afirmaba la gente de la costa que ya estaba lloviendo, y lloviendo duro.