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_/\ Al pie de la muy empinada ladera, restos varios; entre otros, cunetas de canalización de agua talladas en la roca; una de ellas, desembocando dentro de un cuarto que obligadamente alguien llamó Baño de la Ñusta - ¿quién sabe qué era en verdad?

_/\ Trepando la ladera hasta la cresta misma, grandes andenerías de cultivo - andenerías que sirvieron de fortificación para la exitosa defensa por el inca Manco contra uno de los Pizarros.

_/\ En la cresta, construcciones toscas, sin cantería fina - hasta encontrarse, escasos pasos más lejos, sorpresivamente, cuando ya nada se esperaría, frente a frente con ella, con el principio del postrer esfuerzo edificador de los incas: en total contraste con los irregulares bloques habituales, cuatro tremendos, altos paneles líticos rectangulares, con el pulido de siempre, y ya ensamblados para lo que iría a ser - quién sabe qué - pero con una novedad, por lo menos para nosotros, en el ensamblaje; en vez del hermetismo interlítico habitual, los alarifes incaicos pararon los paneles a unos centímetros uno de los otros y rellenaron los intersticios con angostas tiras de piedra, a su vez herméticamente ajustadas a sus respectivos pares de megalitos.

  Es notable cómo, de un simple embrión de principio, ya emana nobleza, grandeza, maestría.

  También, es una única oportunidad para ver un sitio de construcción incaica, con grandes bloques monolíticos todavía tirados en el suelo, en varios estados de terminación.

  Una pregunta es: ¿por qué, esta inhabitual manera de construir, con tremendos paneles alargados, parados lado a lado, en vez de los habituales bloques encimados, paneles tan tremendos que ni la tecnología incaica podría haberlos ajustado herméticamente, y que hubo que dejarlos con un intersticio luego rellenado por otros medios? Porque los alarifes no habrán sido incaicos de pura cepa sino collas del Titicaca reclutados por la prepotencia incaica, quienes trajeron consigo sus tradiciones de estilo tiahuanaquense. Vamos a tratar de acordarnos de esto cuando visitemos Tiahuanaco, si Dios quiere.

  Otra pregunta es: ¿por qué se habrá quedado el proyecto, tan prolijamente empezado, sin terminar? Una suposición fácil es que los reclutas collas habrán desertado. Pero este supuesto parece bien difícil en la férrea disciplina incaica.

Vamos a pernoctar en una de las dos plazoletas del pueblo, pegados al puesto de policía. La otra plazoleta, no conviene, según nos informó un oficial. "Demasiados rateros". ¿Cómo puede haber rateros en un pueblo donde todo el mundo conoce todo el mundo?

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