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una en una base diferente, a distancias variables entre sí según el terreno, en lugares simplemente inaccesibles por maquinaria, y con un tendido de los cables por encima de precipicios que debe de ser una acrobacia de por sí.

Sicuani; sorpresa. Creíamos, por lo que se nos había informado, que el asfalto hacia el Cuzco empezaría aquí. Pero, no. Sin embargo, hay que reconocer que el camino se volvió solamente malo, con una máxima posible de 30 kilómetros por hora.

Parece que hay, un poco más lejos, en el pueblo de Raqchi, unas ruinas de las que se habla poco y se sabe menos - salvo una solitaria información que tenemos y que las describe como grandiosas. Cómo podrían ser grandiosas y totalmente desconocidas tan cerca del centro de atracción turística mundial del Cuzco nos parece sospecho.  Pero vamos a ver.

En el pueblo de San Pedro, donde recién preguntamos direcciones hacia Raqchi, nos comentaron que sí, que hay ruinas en Rajrchi - que es la manera muy gutural aproximada de pronunciar Raqchi - pero tan sólo unas piedras en el suelo y un poco de barro por encima.  Vamos a ver.

Estamos en Rajrchi; y vimos las ruinas. Las ruinas de "piedras y barro por encima". Pero ¡qué piedras y qué barro por encima! ¡Y otras ruinas! ¿Y otras ruinas! Y la aldea de Rajrchi misma, y su iglesia. Cuántas cosas inesperadas percibimos en un par de horas, en una carrera contra la puesta del Sol.

Y ahora, anocheció. Es esta aldea tan apacible, tan íntima, como una gran familia, que vamos a pasar la noche aquí, en su plazoleta, plazoleta con cuatro entradas, una sola, angosta, para vehículos de rueda, y las tres otras, más angostas aún, para sendas peatonales, viniendo serpenteando entre cercos de piedras, quién sabe de dónde.

Mañana, trataremos de poner en claro las ruinas de Rajrchi.

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Qué noche de alivio en esta plazoleta de serena intimidad.

Anoche, tuvimos media hora de música clásica, no más, pero tampoco se puede pedir demasiado de una radiodifusora boliviana desde tan lejos.

Antes de acostarnos, nos maravillamos ante un firmamento de extrema pureza, tan puro que las miríadas de estrellas eran miríadas de puntos admirablemente fijos, luminosos, y bien definidos. También había, en la inmensidad, un cuerpo cuya luz tenía volumen, seguramente un planeta; y también vimos dos nebulosas. ¡Qué limpidez celestial en esta época de espantosas lluvias!