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Recién, Karel tuvo su propio encuentro con un ladrón cuentista: escuchó un golpe en la parte trasera de la carrocería y se le acercó un hombre diciéndole que una piedra se había caído sobre la carrocería. Karel le dijo "te voy a romper la cara". El hombre no insistió. Luego, experimentando, Karel se dio cuenta de que el hombre había dado una patada en la placa de identificación del coche antes de tratar de hacerle creer el cuento.  Es terrible e increíble.

Por otra parte, no nos acordamos cuándo por última vez vimos palomas dando vueltas en bandadas como en esta Plaza de Armas.

Otra especie muy numerosa, y que es la primera vez que vemos al aire libre en un parque, es la especie de escribas públicos provistos de máquinas de escribir, sentados por docenas en los bancos, para llenar formularios y escribir otras necesidades administrativas para los infelices que tienen que tener contacto con la burocracia arequipeña. Por la cantidad de clientes con cara desorientada que tienen, parece que, en Arequipa, pocas cosas, fuera de respirar el aire, se puede hacer sin algún papel, sellado u otro. No, el ambiente en Arequipa no es como para desear vivir aquí.



Los escribas modernos

Por otra parte, no hay problemas con los semáforos de Arequipa: ninguno funciona; no hay dudas, no hay sorpresas.

También, nos enteramos de que un sitio arqueológico, con yacimiento de petroglifos del cual tenemos la información de que sería "uno de los más importantes del mundo" pero del cual no conocíamos la ubicación exacta, se encuentra a 175 kilómetros de aquí. Va a ser nuestra excursión de mañana, en parte por el camino que ya recorrimos para llegar a Arequipa.

Así que vamos a pernoctar en el mismo sitio de anoche, cerca del doble puesto de control.

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Esta mañana, salimos tempranito en dirección a los petroglifos, para darnos las mejores probabilidades de una buena iluminación de los mismos.

Visto el yacimiento, que es la palabra exacta.

Estacionados en la sombra del oasis creado por el río Majes, a corta distancia del paraje Toro Muerto, el sitio de los petroglifos.

Vimos que aquello de "uno de los más importantes del mundo" no tiene base ni fundamento, a no ser que sea por cantidad. Hay petroglifos, sí; los hay muchísimos, sí; pero son todos de una factura muy rudimentaria.