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/ Por ejemplo, hubo el caso de un chiquillo cuidando todo un rebaño de ovejas >>- o sea, se supone, de una familia con ciertos medios de subsistencia - que, >>al vernos, también agarró su sombrero de la cabeza, extendió los brazos e >>invirtió el sombrero.

Nos preguntamos dónde están los adultos detrás de estos niños. Estos niños no lo inventaron. Alguien tuvo que enseñarles. Alguien tiene que mandarlos. ¿Por qué no vienen los adultos a mostrar la cara en vez de inculcar a los niños malas costumbres para toda la vida?

Ahora, se dieron ya varios casos de otra industria. También notable a su manera, pero más decente: la extracción a escala familiar, con pala y carretilla, de carbón. Y parece que de carbón muy bueno y lustroso. Lo extraen de vetas verticales no más anchas que un hombre, entre sedimentos rocosos verticales aflorando en la superficie misma de las laderas.

3.700 metros, y bajando. El paisaje ya nunca se muestra del tipo lúdico para escaladores cosmopolitas. Es del tipo laborioso de los agricultores malabaristas a 30 ó 40 grados de gradiente. Pero es grandioso aun después de todo lo que ya vimos. Estamos en permanente admiración ante esta sobria y noble grandiosidad.

Con las innumerables vueltas que ya dimos, bajamos recién a 3.400 metros; y abruma ver, debajo de nosotros, la tremenda profundidad que nos espera, y las asombrosas torceduras del camino, como un tallarín sin fin. Lo que estamos viendo es realmente un asombroso resumen de todo lo asombroso que vimos hasta ahora en los Andes, desde Colombia misma hacia el sur. ¿Qué debe de ser para los turistas que debarcan fresquitos de su ambiente aséptico, mecanizado, cómodo y chato, y de repente se enfrentan con todo esto? No sabemos cómo será Chavín, pero el viaje sólo ya valió la pena.

Fin de las notas de Božka.

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Cuando llegamos al sitio arqueológico de Chavín, estábamos maduros para una merienda y un descanso. Eran las doce pasadas y nos habíamos levantado a las cuatro.

Pero - al enterarnos de que los pocos turistas que llegan hasta aquí cada día llegarían "dentro de un rato no más", entiéndase una hora, una hora y media, al instante nos convencimos de que el cansancio ya había desaparecido y de que la merienda, después de todo, era un lujo perfectamente inútil. Abandonamos las papas, en su agua que apenas había empezado a hervir, enfriándose a la espera, y, con una fresca energía, salida no está claro de dónde, empezamos nuestra visita de Chavín, mientras estaría todo nuestro.

Pasamos tres horas visitando el sitio y aprendiendo. Vale decir que eventualmente aparecieron los turistas, traídos en colectivos, pero hasta esto fue divertido observar: cómo se visten, cómo llevan sus cámaras fotográficas, >>>>>>>>