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pocos kilómetros al pueblo de Aipe, donde estamos ahora, estacionados en la esquina del puesto de policía.

Incidentalmente, los retenes de policía ya ni los mencionamos, pero siguen apareciendo con frecuencia aburrida y enojosa; recién, por colmo, ni se conformaron con ver los documentos, también quisieron ver si tenemos crique, si tenemos llave para cambiar ruedas - les dijimos si alcanzaba con los dos criques que tenemos y les tapamos la boca con todos los demás medios de seguridad que tenemos con nosotros; quizás no haya que culpar a la policía sino a los automobilistas que salen a la ruta de manera irresponsable y manejan de manera irresponsable.

Así estamos al día. Y otra vez nos animamos a proyectar, a cristalizar, por anticipado, nuestro próximo paso conocido. Mañana, será pues hacia la zona arqueológica de San Agustín.

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Esta mañana, en este pueblo de Aipe - que realmente es un pueblito de nada - pudimos escuchar música clásica. Anoche también, antes de acostarnos, recorrimos las ondas radiofónicas: tres emisoras con música; dos, eran de música clásica, y una, de música del momento; milagro y beneficio de una cadena nacional de radio.

Esta mañana también, sin proponérnoslo, estamos asistiendo a misa - por lo menos a tele-misa, gracias a la voz de Dios y del cura tronando por el valle desde los altoparlantes de la iglesia.

Por una carretera de asfalto nueva y de andar suave, llegamos a Neiva.

En ésta, decidimos ir al hospital para averiguar si sí o no estamos, en estas tierras bajas, en zona de malaria - para zanjar las diferencias de opiniones que recogimos hasta ahora. Según el médico, parece que Neiva no está en zona de malaria pero que vamos a tocar zona malarial más al sur; no entendemos cómo puede ser ya que más al sur estaremos más alto que en Neiva, pero así dijo el docto doctor.

Dentro de Neiva misma, el andar no fue tan suave; nos topamos con alertas policías que nos sorprendieron in fragranti a contravía, a cinco metros del punto donde una calle que era de dos vías se había vuelto de una sola mano, sin ninguna señalización a la vista; así les dijimos; con dedo vengativo nos mostraron que sí había una flechita en la pared, a lo que les respondimos que dicha flecha era ciertamente visible para quien venía de la calle transversal pero ciertamente no visible para quien venía por la misma calle. Es realmente increíble el infantilismo, la falta de inteligencia y de responsabilidad, que >>>>>>>>