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- Pero no tenían arquitectura de materiales que hayan resistido siglos y vandalismo español. Por cuanto, la ciudad de Bogotá nada tiene de muisca salvo su nombre.

*  Luego de la invasión, este mismo sitio se volvió la sede del virreinato de Nueva Granada; con un primer caserío de los invasores, de doce chozas - en honor a los doce apóstoles - de madera y paja, iguales a las viviendas de los paraborígenes, caserío llamado, no muy sorprendentemente, Santa Fe del Nuevo Reino de Granada. Más sorprendentemente, fue recién después de la victoria de Bolívar, ya terminada la época colonial, que se cambió el nombre de la ciudad en honor al nombre indígena de la región, Bacatá, Bogotá.

   En 1881, había un gran total de seis fábricas en Bogotá, y bastante sorprendentemente, una era de pianos, un buen anticipo de la vida cultural de hoy - si bien, paradójicamente, hoy no hay un solo negocio de pianos a la calle en todo Bogotá.

*  Empero, la ciudad de hoy es muy reciente. Empezó recién en 1948, cuando gran parte de la ciudad anterior fue arrasada - no, esa vez, por un terremoto sino por una conmoción política; lo que se ve hoy, surgió de aquellas cenizas. Y hoy, con más de seis millones de habitantes, la ciudad está en un curso directo de colisión con desastre: tiene un índice de crecimiento de 100/oo cada once años. Y de los terremotos, los Botoganos de hoy, por lo que vimos, no tienen miedo: los rascanubes surgiendo en buenas cantidades, casi compitiendo con los cerros hacia un lado de la ciudad.

*  Y, naturalmente, antes de todo lo anterior, había, en la región, elefantes o mastodontes, según restos encontrados en la vecindad.

Incluso, por discos de oro encontrados durante la construcción del aeropuerto de Cali, en otro de los tres ramales de la Cordillera, estas criaturas y los expertos orfebres tienen que haber pisado el mismo suelo y respirado el mismo aire: los discos llevan grabados que se interpreta como elefantes o mastodontes.

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Noche tan tranquila y silenciosa como la anterior, cerca de nuestra estación de policía.

Como llamativa ilustración, hasta dramatización, del sereno ensimismamiento de nuestro callejón, lo primero que acabamos de ver, al salir al mundo más allá, es grandes titulares en los diarios: "Noche de atentatos en Bogotá" - "Explotaron varias bombas".

Descubrimos por qué nuestro dormitorio es tan silencioso y por qué, de madrugada, nos saludan gallos, gallinas y patos: ni siquiera es una callejuela >>>>>>>>