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expreso, se devuelve por correo terrestre o marítimo, de manera que nuestros remitentes no recibirán de vuelta sus envíos aéreos sino - con suerte - dentro de dos o tres meses - si es que los reciben. Parte de la correspondencia no tiene importancia inmediata, pero parte, sabemos que la tiene.

Más problemas y más problemas.

Ya entrada la noche, y en la oscuridad de una ciudad desconocida, por lo menos tuvimos la suerte de encontrar un gran centro comercial con toda clase de negocios, exactamente en el estilo cuidado y atractivo de los centros comerciales de Vespuccia y Canadá; salvo que, en el negocio de alimentación, los jugos de fruta tienen azúcar y preservativos, y salvo que no se puede conseguir agua potable.

Finalmente, a distancia bastante corta del centro comercial, nos encontramos un puesto de policía escondido en unas callejuelas con aspecto y ambiente de pueblo chico tan perfectos que cuesta creer que son parte de la ciudad de Bogotá.


El dormitorio

Así fue este primer día en Bogotá.

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*

La noche fue perfecta, con un silencio notable, interrumpido, esta mañana, por el canto de un gallo - y hay música clásica en la radio. Vamos a ver qué nos prepara el día de hoy.

Primero, nos pusimos en contacto, por telex y teléfono, con una gente que conocemos en Nueva York, pidiéndole que averiguara qué pasa con los documentos. En la tarde misma, recibimos un telex informándonos que la oficina de inmigración - como se llama con la más pura ilógica vespucciana dicha dependencia de migraciones - no podía dar una explicación inmediata pero que iba a investigar, con una contestación para posiblemente dentro de ... tres semanas. Qué barbaridad. Ninguna solución de alivio por este lado, pues, salvo que se puso en movimiento una investigación.

A la nochecita, hablamos por teléfono con otra persona en Nueva York, cuya dirección nos sirve de dirección postal en aquella ciudad, y que nos había mandado aquí a Bogotá, toda la correspondencia que nos había llegado allí - parte de la correspondencia que ahora está en camino de vuelta, de semanas y meses de duración - para preguntarle si, entre la correspondencia, había habido alguna de la oficina de migraciones - perdón, inmigraciones según la ilógica vespucciana; sí, había habido dos cartas, una para cada uno de nosotros. ¡Qué lío! La clave de la situación está en estas dos cartas que, ahora, se están paseando por correo ordinario entre ésta y Nueva York. ¿Qué hay en estos dichosos sobres?  Nuestro corresponsal en Nueva York los recibió >>>>>>>>