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Cualquier cosa es más atendible que supuestos ventisqueros verdeantes de vegetación, o aunque sólo sean auténticas matas de gramineas verdeando dos meses al año al pie costanero de los ventisqueros como verdadero significado de Groenlandia.

Y, finalmente, dotir, como en Freydis Eriksdotir. Los Vikingos tenían más sentido común que los Anglo-Sajones. Ningún Vikingo digno de ser Vikingo hubiese jamás llamado una hija suya, "hijo". Cuando al señor Herjolf le nacía un hijo, naturalmente éste era Herjolfsson - sson/hijo de (Herjolf); pero cuando al señor Herjolf le nacía una hija, ésta era, no sin muy buena lógica, Herjolfsdotir - sdotir/hija de (Herjolf). Y lo mismo para Eriksson y Eriksdotir, etc. Nada de señorita John"son" entre los Vikingos. Hubiese sido señorita Johnsdotir.

Qué lindo. Qué inteligente. Y es reconocer la existencia de una mitad de la humanidad por lo que es. Similar, en cierto modo, a lo que ocurre aun hoy en día entre los Eslavos, entre los cuales todas las mujeres - no solamente las estrellas de ballet - tienen su apellido terminado con el sufijo "ová" o "á" agregado a la forma básica del apellido para mejor indicar que ellas son una mitad de la humanidad.

Y así nos despedimos de la presencia vikinga en América; presencia evidenciada, es interesante agregar, no por un arqueólogo sino por un erudito vuelto pesquisante - y a pesar de la feroz resistencia, tanto de la cofradía arqueológica en general como de los sacerdotes de la primacía de Cristóbal Colón en particular, contra siquiera la insinuación de que esos Vikingos ladrones, asesinos, piratas fluviales, pudiesen haber logrado la hazaña de cruzar el Atlántico.

Vamos a ver si hay travesía mañana.

¡Oh! Y por qué será que recién ahora, cuando ya habíamos dado por anotado todo cuanto aprendimos relacionado con Terra Nova, tomamos consciencia de un dato que tendríamos que haber anotado en su debido contexto y que ahora no podemos no anotar porque es un lindo caso de compinchismo a nivel internacional. Nada que ver con los Vikingos. Sino con riqueza pesquera y trueques colonialistas de propiedades ajenas.

En 1904, en el trueque, Inglaterra dio a Francia un pedazo de territorio en Africa occidental, que no le pertenecía, y Francia renunció a tomar tierra para secar su pescado en Terra Nova, que no le pertenecía. Lo que no impidió Francia guardar hasta hoy una isla y un islote a la vista de la costa terranovense.

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