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Así que bajábamos el sistema fluvial colombiano después de haber subido el sistema fluvial panameño. Pero la antítesis de la situación no era sólo en la subida y luego la bajada, sino también en el medio de locomoción: en la subida, había sido por piragua a motor, con su velocidad, con su ruido; ahora, en la bajada, era por piragua a palanca, con su abandonada lentitud, con su silencio - ¿cuál es mejor? Las dos ofrecen sus indudables ventajas y desventajas, un buen punto de partida para un poco de filosofía casera en cuanto a los valores respectivos de una vida motorizada y de una vida natural.

A poco de echar a navegar, flotar sería una palabra mejor, llegamos al primer indicio de vivienda humana desde que dejamos Paya; otra vez unos Negros, y medio desnudos. Nuestro piragüero se amarró a la orilla y empezó a hablar con ellos. Mientras que en Panamá, en el Darién, había una mezcla de paraborígenes y de Negros; aquí, en Colombia, en este Chocó, continuación del Darién, era todo puro negro. Los medio-desnudos de la orilla anunciaron sorpresivamente que tenían que revisarnos; fue un momento de tensa incertidumbre. ¿Qué significaba que esos semi-desnudos silvícolas "tenían que" "revisarnos"? Pero resultó ser que estos hemi-desnudos eran funcionarios del Instituto de Recursos Naturales de Colombia y que el sitio era un puesto del Parque Natural Los Catios: subiendo la barranca del río, inclusive se veía un cartel que no se veía desde el río, rezando lo dicho. ¿Por qué no está colocado el cartel para que se vea desde el río? Todos resultaron muy amables y buenos caballeros.

Luego, en cuatro horas y media de lentitud, llegamos a Vijado, con otro puesto de la misma entidad gubernamental, donde, otra vez, tuvimos que mostrar nuestros pasaportes; pero donde, también, pudimos pasar nuestra primera noche en una cama en ocho días - nosotros dos, en una cama para uno, y un hombre en otra cama, en la misma habitación. Todo, siempre puro pedazo de Africa - nos parece que mucho más pura Africa, u otra Africa, que cualquier grupo negro que vimos en Vespuccia.

También nos enteramos de que podríamos arreglar con la gente misma del puesto para que nos llevara, al día siguiente - o sea hoy - en su piragua, desde Vijado a un paraje llamado Travesía, en la confluencia de este río con el gran río Atrato, desde donde habría lanchas rápidas a Turbo varias veces al día.

De manera que así había terminado esta gran aventura por la selva del Tapón del Darién-Chocó dentro de nuestra Expedición - o así lo creíamos.

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Esta mañana, en ese puesto, se nos presentó otro caso de la increíble imposibilidad de comunicar con ciertos cerebros.