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A pesar del disgusto causado por los negativos arruinados, decidimos seguir adelante con los demás rollos, con la teoría de que, justamente por dicho percance, semejante accidente seguramente no se dejaría repetir, y nos resultó bien la decisión: no solamente, todo el día nos fueron revelando e "imprimiendo", o sea foto-imprimiendo, las fotografías según nuestros deseos, sino que también se ofrecieron a sacar de los negativos arruinados los mejores positivos que sería técnicamente factible.

En un despliegue de buena voluntad que ninguna palabra podría destacar suficientemente, se pasaron literalmente horas probando y ensayando todas las variaciones de saturación, densidad, balance de colores; basta decir que, en vez de cerrar a las 14:30, por ser hoy el sábado antes de carnaval o sea ya prácticamente el carnaval, se quedaron exclusivamente para nosotros hasta pasadas las 17:30, una actitud que habría que admirar y agradecer independientemente del resultado obtenido, pero los resultados fueron sorprendentes; es cierto que la mitad de las fotografías salió con un tinte amarillento como si hubiesen sido tomadas con un filtro de dicho color, pero la otra mitad salió como obra de arte - mucho mejor, sin duda alguna, que si se la hubiera revelado sin percance e imprimido normalmente.

Fue la combinación de la determinación del gerente panameño del negocio y de la maestría del técnico fotógrafo salvadoreño que literalmente nos salvaron lo que ya habíamos aceptado como una pérdida total; de hecho, ya habíamos empezado a pensar en la posibilidad de volver a Guadalajara, a nuestro regreso por México. Mañana, estaremos ocupados numerando, clasificando, todas las fotografías, éstas "resucitadas", felizmente también.

Con todo ello, no sabemos cuándo vamos a viajar hacia la frontera con Colombia, máxime que la semana que viene, después de los dichosos carnavales, tendremos que volver al taller fotográfico para más trabajo.

Pasando a otro tema, leímos en un diario que no somos los únicos visitantes en Panamá. Parece que hubo un ataque por las famosas abejas africanas traídas desde Africa a Brasil, hace ya unos tantos años, con fines de estudio, y que escaparon al estudioso y que, desde entonces, se fueron propagando a tantos kilómetros por año hacia el norte, sembrando pánico donde llegan porque son muy agresivas y sus picaduras muy virulentas.

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No sabemos cuántos días pasaron desde la última anotación. La cuestión es que hoy es el miércoles después de carnaval, vale decir que la mitad de la ciudad está todavía cerrada hasta mañana y que la otra mitad va a empezar a abrir perezosamente esta tarde.