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neófito, que no es problema porque es contrabando oficial de los gobiernos de Panamá y de Colombia. No sabemos si tomarlo literalmente o no, pero así es que se nos informó con toda seriedad.

De todos modos, Coco Solo es un puertito no muy lejos de Colón - se podría decir que es un anexo de Colón, con una entrada por otro lado. A pesar de la hora tardía y a pesar de la rareza de semejantes contactos, decidimos ir a Coco Solo, para no dejar ni una sola posibilidad sin explorar.

Contra toda expectativa, y tomando en consideración la idea de los contrabandistas, nos encontramos con un puesto de aduana; no se podía entrar libremente a los muelles. Le explicamos al inspector de aduana nuestro propósito; él nos dijo que no hay contactos directos entre Coco Solo y tierra firme de Colombia; que hay muchos barcos viajando de Coco Solo a Colombia, pero solamente a las islas colombianas. Le expresamos sorpresa de por qué solamente a las islas; entonces, el inspector de aduana nos dio la explicación la más natural del mundo; en sus propias palabras: "porque es a las islas que llevan su contrabando, y de ahí, otros barcos lo llevan a tierra firme." No es invento nuestro; así habló con tranquilidad burocrática el inspector de aduana.

En resumidas cuentas, sí, parece que habría posibilidad, de transportar nuestro vehículo y nosotros en el mismo barco hasta una de las islas, y de, allí, tomar otro barco hasta tierra firme. Nunca perjudica conocer todas las posibilidades.

Con todo ello, en vez de encontrarnos de vuelta en Ciudad Panamá, estamos ahora parados para la noche no lejos de Coco Solo. Mañana, habrá que levantarse muy temprano porque tenemos muchas cosas que hacer en Ciudad Panamá, y se nos vienen encima dos días de fin de semana y tres días de carnaval.

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La gente por aquí debe de estar ya totalmente histérica, o la situación de los asaltos debe de ser bien tremenda.

Anoche, después de la última anotación, cuando nos dormíamos con la beatitud de los supercansados, alguien vino a golpear en nuestra ventanilla; era el dueño del restaurante del otro lado de la carretera donde habíamos parado, el único edificio en este cruce de dos carreteras, con bastante tráfico en ambas éstas. Nos dijo que no nos quedáramos donde estábamos, que nos ofrecía estacionamiento cerca de su restaurante donde quedaba un sereno toda la noche, para mejor seguridad nuestra, que la zona es muy peligrosa. Nos pareció exagerada la precaución, pero nos mudamos de lugar, y recién amanecimos cerca del restaurante sin novedades.