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      1635  Primera mención de la imagen.
      1824  Robada.
            Dos días más tarde, reaparece, en la misma iglesia.
      1866  Robo de la corona y del resplandor.
            Reemplazados por subscripción popular.
      1950  Esta vez, hasta matan al custodio para robar todo, estatua, joyas,
            ofrendas.
            Siete días más tarde, la imagen reaparece, en la misma iglesia.

Nuestra próxima meta es el puerto de Limón, en la costa atlántica, o si se quiere en la costa caribe. Después de las sierras que son la espina dorsal de Costa Rica - se puede decir de toda América Central - queremos ver las llanuras bajas, y por lo tanto más tórridas, que se extienden a lo largo del Atlántico.

Por ahora, la topografía y la carretera son del tipo mexicano - montañoso, sinuoso, laborioso.

Lamentablemente, ya van varias veces que vimos basurales incipientes a lo largo de la carretera. ¿Cómo es posible en un país que, hasta ahora, vimos tan limpio?

Por las indicaciones viales, se ve que estamos fuera del tráfico ceremonial internacional; las indicaciones viales en la calzada ya no son del tipo teatral e inútil vespucciano, sino simples y prácticas del tipo mexicano.

Una falla enojosa y corriente es la falta de direcciones en los empalmes y los cruces; hay que descifrar el terreno por indicios circunstanciales en el suelo como lo haría un cazador siguiéndole la pista a un animal, o un policía siguiendo la pista de un fugitivo; lo que pasa es que no siempre se acierta y ya varias veces tuvimos que volver buenos trechos para ponernos de vuelta en el camino correcto.

Todo está muy verdeante; estamos en una zona de plantaciones de caña de azúcar extendiéndose celosamente por cualquier ladera humanamente accesible. Por alguna razón, evidentemente muy poco razonable, asociábamos plantaciones de caña de azúcar con llanuras, y aquí nos encontramos con la curiosa vista de lomas ondulando hasta el infinito, cubiertas de cañaverales sin fin.

Las plantaciones de caña de azúcar se volvieron menos exclusivas; hay también grandes plantaciones de café trepando las laderas por todos los lados; y también hay, naturalmente, bananos.

Otra curiosidad es la presencia, lado a lado, de coníferos y de bananos; ya encontramos esta combinación antes, pero todavía no nos acostumbramos.

Por una larguísima y sinuosa bajada, llegamos a la ciudad de Turrialba, con los frenos delanteros literalmente echando humo.