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Ah, pero ahora nos enteramos de que estamos mal; por la duda, preguntamos direcciones, y resulta que no es éste el camino sino otro, que desvía de éste, y que ayer, en la oscuridad, no habíamos visto; hay que regresar.

Llegamos al dichoso desvío; naturalmente que no lo vimos: el camino que seguíamos era de asfalto, el desvío, de tierra, y no hay la más mínima indicación para decir cuál va a dónde; un caso más de inexistencia de indicaciones viales, una deficiencia bastante curiosa en un país por otra parte bastante prolijo como lo es Costa Rica.

Por el kilometraje, sabemos que nos estamos aproximando al volcán, pero, a la vista, no hay nada, no hay nada; debe de ser el volcán mejor escondido de la Tierra.

Por el kilometraje, estamos todavía más cerca, y de volcán, nada.

Ya tendríamos que estar casi llegando, y de volcán, nada. A Božka se le ocurrió la idea de genio que el volcán no lo vemos porque estamos encima; sí, la única explicación.

En tal caso, no es lo que se espera que un volcán sea: estuvimos, y estamos, subiendo entre dos cortinas de vegetación lujuriante, variada, perfecto reflejo de la fertilidad tropical, y no del desolado ambiente de un volcán.



En el volcán

Llegamos a la entrada del parque nacional Volcán Poás, y de volcán - por lo menos de lo que comúnmente se esperaría que un volcán sea - nada a la vista. Sí, Božka tenía razón: esto, debajo de nuestros pies, con su exuberante cobertura de vegetación, si no tropical, por lo menos semi-tropical, es el famoso volcán Poás.

Pero sí, es un volcán; ahí, a un kilómetro de caminata, está el cráter; vamos a ver, pero, del olor a azufre que habíamos leído que se siente a kilómetros a la redonda, por ahora, nada.

Bueno, sí, es un kilómetro de caminata, hay un cráter; al borde mismito del cráter, con un poco de buena voluntad, se siente olor a azufre, y con otro poco de buena voluntad, en el medio del cráter, se puede ver un poquitito de humo, o mejor dicho, no de humo, sino de mezcla de vapor de agua con gas de azufre; en otras palabras, una perfecta trampa de turistas; o quizás más generosamente, un lindo lugarcito para darse una vuelta el domingo con la prole; pero como atracción turística nacional o internacional, nunca jamás; de ninguna manera vale la pena del viaje desde San José, ni de la caminata. Pero, como siempre, hasta ver las cosas por uno mismo, no se puede saber.

Eso sí, con el pretexto del volcán, se construyó un centro ilustrativo para los visitantes, con varias muestras de interés, relacionadas, de una manera u otra, con volcanismo.