español english français česky

muchas veces ni siquiera sabían cómo pronunciar, aquí, en México, mucha gente, inclusive niños de corta edad, lee en voz alta y sin titubeos nuestra inscripción completa "Primera Expedición Panamericana Integral".

Seguimos hacia la ciudad de Tuxtla Gutiérrez.

Total llanura.  Viento fuertísimo.  Todo está cultivado.

Es aquí no más, en el paraje llamado Quiéngola, que los Mixtecas y los Zapotecas - quienes, como sabemos, eran más enemigos que amigos - se unieron en la causa común y detuvieron el expansionismo de los Aztecas por este lado, hacia fines del siglo XV.

Al ver esta llanura, se nos hace más comprensible que el istmo de Tehuantepec, con tan sólo 210 kilómetros de ancho, y altitudes de no más de 250 metros, también haya sido objeto de codicia, con el propósito de un posible canal transcontinental, interoceánico.

El ambiente está comparativamente despoblado, en contraste con el hormigueo que hasta ahora pareció ser la norma en México. Hay más machetes a la vista, cada hombre lleva uno.  Hay mucho menos burros.

Hay mucho menos crucifijos y todavía menos capillitas por la carretera; no solamente aquí, sino ya desde Acapulco.

La llanura perfecta terminó; otra vez, ondulaciones.

Anocheció; nos paramos al lado de la carretera. El anochecer - no solamente hoy sino también en los días pasados - nos pareció muy estirado en contraste con lo que esperábamos en la zona intertropal, donde, supuestamente, el cambio de día a noche es bastante repentino en oposición con lo dilatado en las regiones circumpolares; quizás sea solamente una ilusión.

Volviendo en pensamiento al Vespucciano decente y a nuestros contactos con la gente en general, también se presenta el comentario de que, con la excepción de la entrevista que tuvimos en la radio de la Universidad Autónoma en Mexicali, y que fue entre las mejores que tuvimos - en ciertos aspectos, quizás la mejor - no hubo hasta aquí, en México, ni una estación de radiodifusión, ninguna televisora, ningún periódico, que, por lo que escuchamos y vimos, hubiese tenido afinidad alguna con lo que nosotros hacemos.

. .
*

Anoche, y esta mañana, al recorrer, sin esperanza ni entusiasmo, el dial de nuestro receptor, sintonizamos, con tanto mayor interés, una emisora de Guatemala que parecía tener una conexión con la Universidad San Carlos; la >>>>>>>>