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Esta mañana, el mundo radiofónico de Baja California sigue siendo prácticamente una colonia vespucciana y un desierto intelectual. Estamos perfectamente al tanto del último crimen, del último accidente de contaminación ambiental, del último resultado deportivo, del último pronóstico meteorológico, de Las Vegas, Sacramento o Los Angeles - todos en Vespuccia a pesar de los nombres - pero, de lo que pasa en México o de lo que pasa en el mundo, no tenemos la menor noción.

Hay tres o cuatro difusoras castellanas, tan débiles que son inútiles, y una, bastante fuerte, que, por la publicidad que lleva, debe de estar centrada en Los Angeles de Alta California. En lugares apartados del Artico tampoco había mucho contacto radiofónico, pero, por lo menos, no había una invasión radiofónica de un país extranjero para llenar el vacío.

Esta mañana, durante el desayuno, descubrimos la prueba fehaciente de que los dátiles que compramos ayer son puros, naturales, y nunca vieron pesticidas: algunos están llenos de vigorosos gusanos; así que, ahora, en la seguridad de comer fruta realmente al natural, tenemos que ir abriendo cada dátil a ver qué huésped tiene, como en los tiempos viejos, en nuestra juventud, cuando había que fijarse en cada manzana, en cada ciruela, qué gusano tiene, pero cuando todas las manzanas y todas las ciruelas eran garantidas de buena calidad, sin pesticidas.

Por otra parte, ¿por qué no comer gusanos, la única carne que nunca recibió inyecciones de hormonas y otras porquerías para hacerla crecer más rápido?

Volvimos un rato al pueblo de San Ignacio; hoy no es el día del Señor, hoy es el día de la Luna, y sin embargo, la iglesia está abierta, y sin embargo, grupos de personas, entre sus otros quehaceres, van a la iglesia a orar un rato y luego siguen con sus quehaceres.

Llegamos a la altura del grupo de volcanes Las Tres Vírgenes, de casi 2.000 metros de altitud tan cerca del mar, de los cuales, por ahora, vemos solamente uno porque los dos otros se esconden detrás de éste.

La carretera está buscándose sus vueltas por extensas acumulaciones de lava desmenuzada, en la aspereza de una topografía muy revuelta, con grandes bajadas - la Cuesta del Infiernillo - y lindas vistas, desde arriba, del golfo de California, con un lindo color de agua subrayado por la blancura de las crestas del olaje.

Llegamos al pueblo de Santa Rosalía.

Santa Rosalía es uno de los pocos pueblos de Baja California que no fueron fundados alrededor de una misión. No había habido, no había, iglesia, pero hacía falta una iglesia. Como, en aquellos tiempos de grandes decisiones, uno de los elementos importantes de la comunidad era una empresa minera francesa, >>>>>>>>