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Esta mañana, estamos siguiendo viaje; y como primera medida, bajamos 1.550 metros - de los cuales, 1.250 metros ininterrumpidos en 24 kilómetros de carretera.

Quién se sorprenderá si decimos que otra vez estamos en la aridez de siempre; desapareció el amable y acogedor oasis de bosques y praderas alrededor de los observatorios. No hay nada que hacerle, el que quiere árboles y bosques en esta parte de Vespuccia tiene que subir.

Llegamos al pueblo de Alamogordo que, a pesar de su nombre hispano, tiene un típico aspecto vespucciano: sin estructura, explayado, y con, como únicos monumentos, estaciones de servicio y lugares de comidas al paso.

Al salir de Alamo Gordo hacia el pueblo de Las Cruces, estamos atravesando el mismo gran y famoso campo de ensayos de cohetes - y ahora también, según se dice, de armas de "rayo de la muerte" basadas en el laser - cerca del cual pernoctamos la semana pasada. Parece que, de vez en cuando, esta carretera está cerrada al tráfico durante períodos de disparos. También hay una gran base aérea militar, y los aviones que vemos evolucionar en el cielo - con elegancia, hay que reconocerlo - no son más que pájaros de muerte para la próxima.

También en esta misma zona - y justamente incrustado en el susodicho campo de ensayos militares, y justito al lado de la base aérea militar - se encuentra otro monumento nacional de médanos.

Lo fuimos a visitar. Después de los médanos color salmón y de los médanos color arena, ahora vimos médanos color blanco, bien blanco porque son estos médanos de yeso. Pero, aparte de su rareza de color néveo - a punto tal que, en ciertos  cortos trechos, nos vimos viajando otra vez por las nieves de Yukon - estos médanos no tienen ningún atractivo.

~ Son bajos, muy redondos, no se pueden equiparar de ninguna manera con las formas de los médanos de arena.

~ El color blanco es muy lindo pero no se puede equiparar con el color salmón de los médanos cerca de Kanab.

~ Y por colmo, por lo menos en esta época del año, están cubiertos de una costra que causa que no puede haber actividad eólica, por lo que, en vez de tener la vida y las palpitaciones de millones de granos en movimiento como en los otros médanos, aquí, todo está muerto, fijado; lo que, además, tiene como consecuencia ineludible que estos médanos, por lo menos en esta época del año, no tienen la posibilidad de reconstituir su belleza natural automáticamente para ir borrando las huellas de la gente que los recorre; así que estos médanos están desfigurados por un sinfín de huellas y también por los nombres de las muchas personas que inevitablemente sienten la compulsión de proclamar para la posteridad su presencia y su estupidez.



Aquí, una rama muerta juega con el viento