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adaptarse a la situación, el mismo coche, siguiendo su zigzagueo, otra vez se le metió en el camino (ciertamente, tampoco nos sorprende); él se cayó con toda la pesadez de los cincuenta kilogramos de su equipaje; la horqueta delantera de la bicicleta quedó torcida, y el marco, un poco fuera de escuadra; ahora, la bicicleta ostenta una horqueta nueva y es bicolor.

ø Este ciclista trotamundo nos hace acordar de aquel Australiano pedalero que encontramos en el Pantanal.  ¿Qué habrá pasado con él?

En el renglón de cosas prácticas, un misterio: ¿cómo es que, en Puebla, después de tantos lugares donde buscamos - buscamos y no encontramos - por fin encontramos, jugos de fruta sin agregado de azúcar, y agua cristalina de manantial?

Y ahora, hacia nuestra próxima meta: sumergirnos en una antigüedad de actividad humana nebulosa entre las más remotas en América conocidas, y re-emerger en alguna de las comparativamente recientes civilizaciones precolonenses - se las podría llamar monumentalistas, o arquitectonistas, a gusto - de América.

Ah, pero no. Primero, vamos a ver qué realidad hay detrás del renombre de las iglesias de Tonantzintla y de Acatepec, dos otros pueblos de la conurbación Puebla-Cholula.

Mañana será.

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Visto Tonantzintla, visto Acatepec. Hubiese sido una verdadera pérdida no haber visto estas dos iglesias. Son extraordinarias; la de Acatepec, por fuera, la de Tonantzintla, por dentro. Sería fácil criticarlas; demasiado fácil, en verdad, por su increíble acumulación de rebuscamientos, anatema de los puristas; total y absoluta antítesis de la catedral de Brasília; pero son únicas.

+** La fachada de la iglesia de Acatepec está totalmente revestida de azulejos, de los resplandecientes azulejos poblanos, por supuesto, en todos sus recovecos - e inútil es agregar que los recovecos son muchísimos. La reticencia en cuanto al interior quizás se deba a que es una restauración, tal vez sin la convicción del original, destruido por incendio.


Iglesia de Acatepec

+** El interior de la iglesia de Tonantzintla no tiene un centímetro cuadrado sin alguna voluta o contravoluta o cabecita, en el estilo recargado que ya tantas veces vimos - pero todavía mucho más concentrado, hasta el límite de lo factible; y, sin embargo, tiene una gracia redentora que lo hace todo >>>>>>>>>>>>>>>>