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Cortés nada quiso saber - e inclusive contra un nuevo brote de descontento entre sus propios hombres - insistió que iría a Tenochtitlán.

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En este momento, otra vez aparecen dos versiones divergentes. Según una versión, Moctezuma entonces cambió de táctica; finalmente invitó a Cortés, pero le pidió que fuera por Cholula. Según la otra versión, fue Cortés quien decidió encaminarse por Cholula - lo que, siendo Cholula entonces la ciudad sagrada de Quetzalcóatl, inclinó a Moctezuma hacia la posibilidad de que Cortés era, en verdad, Quetzalcóatl regresando.

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Finalmente, pues, por una u otra razón, Cortés, su banda, sus pocos aliados totonacas originales y sus muchos nuevos aliados tlaxcaltecas, 6.000 de ellos, a Cholula se encaminaron.

A Cholula vamos. De paso, echaremos un vistazo a la ciudad de Tlaxcala y al sitio arqueológico de Cacaxtla, si bien ninguno de los dos tiene relación con el derrotero de Cortés.

La ciudad de Tlaxcala no es, a pesar de ser así llamada universalmente, la ex-capital de los Tlaxcaltecas, por la simple razón de que no existía a la llegada de Cortés; es de fundación española posterior.

Lo único que notamos en Tlaxcala - no porque sea muy original sino porque es lo único notable - es el santuario de Ocotlán, en el habitual estilo recargado colonial, por fuera y por dentro; resultado, en su decorado interno, de 25 años de labor de un paraborigen. Por lo menos a éste, que se sepa, no lo mataron para preservarse la exclusividad de su arte, como a aquél en aquella iglesia en el Cusco - según se dice.

De la iglesia de San Francisco se dice que es probablemente la primera de América continental, por su fecha de construcción - año 1521, 29 años después de Guanahaní.

Con todo, hubiésemos hecho mejor evitar Tlaxcala, aunque también tiene su valor saber, ahora, que nada hubiésemos perdido. Es curioso cómo ciertas ciudades son como una camada de espinas donde no hay donde asentarse y no hay razón para tratar de asentarse.

En el sitio arqueológico de Cacajtla, que es la manera de pronunciar la x, hay un tinglado monumental muy notable - un verdadero esfuerzo tecnológico de tremendos pilares metálicos y cables tensores de acero - cubriendo más de una hectárea, de un solo porte, sin otros soportes que los laterales.



El tinglado

Por otra parte, parece ser una afición de los lugareños la fabricación, por medios caseros (cañas partidas y papel) de cometas de alta tecnología, a juzgar por cómo flotan impasiblemente, altísimo en el viento, como cóndores.