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Así es, a la vez, lo muy interesante, aun para aquellos que ya están abiertos a la posibilidad de comunicaciones transatlánticas antiquísimas; y lo muy despreciable, para aquellos que todavía no se avinieron a tal idea.

Quién sabe, ¿será un tal debarque, junto con otros debarques, de gentes claras que dieron origen a las legendas paraborígenes de dioses blancos encontradas repetidas veces por los primeros invasores en América?

Y no a estos dos casos - la Piedra Ingá y la Inscripción de Paraíba - se limitan los motivos, de fiebre investigativa de unos y de fiebre denigrante, denigradora, de los otros.

Existe, en la vasta región central de América del Sur, por lo menos un otro tipo de inscripciones - no de dibujos, sino de glifos - rupestres, que sepamos; con mucha confusión, si bien quizás lucecitas de esperanza, pero existen; tienen formas alargadas, por lo cual se las podría llamar glifos flagelados o lanceados.

*Ejemplos de confusión son que algunos investigadores atribuyen el significado de letra S a estos tres diferentes glifos.
                                                   

*Ejemplos de lucecitas son

•que la H se atribuye consistentemente al glifo, aun cuando con menores variantes de ejemplar a ejemplar;               
                                      

•que el segundo glifo de la S es el mismo que la letra S de la Inscripción de Paraíba;

•que el glifo para M también es el mismo que en la Inscripción de Paraíba, salvo que, en el estilo alargado flagelado.
                                           

Por otra parte, una diferencia fundamental con la Inscripción de Paraíba, por lo menos según tratan de interpretar las cosas los investigadores, es que algunos de los glifos son vocales, de todas las cinco vocales.

Una temática de la cual no sabemos otra cosa que, simplemente, existe. Pero su mera existencia, combinada con otros pendientes misterios, nos deja pensativos en cuanto a la posibilidad de una riqueza histórica de la cual nada sabemos.

A viajar, ahora; directamente hacia el oeste.

Nos adentramos ya más de 150 kilómetros en el famoso sertão, el árido noreste brasileño. No hallamos razón para tanta fama. Es árido, sin duda, pero no más árido que una infinidad de otros lugares; incluso, hay frecuentes lagunas en >>>>>>>>