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Esperando la tardecita y al albino, vamos a ir a una caleta vecina, a explorar las lagunas dejadas por el mar decreciente.

En esta costa, hay un gran desnivel entre la marea alta y la marea baja. Nosotros mismos vemos que es muchos metros, que no sabríamos estimar, pero las estadísticas dicen que, en ciertos puntos, las mareas grandes de primavera alcanzan dieciséis metros de desnivel, de modo que, con las condiciones imperantes aquí mismo y ahora mismo, en bajamar uno puede pasear por lugares donde, con mar alta, se veía, y se verá, grandes criaturas, como las toninas, arqueándose en, y por sobre, las aguas.

También, siendo esta zona, como aprendimos en la empresa alguera, favorable a las algas, no es de extrañarse que, en bajamar, el agua deja en descubierto verdaderas pequeñas praderas de algas, llenas de vida de microfauna y microflora acuáticas, en vez de descubrir arena, o canto rodado o roca desnuda.

Nos pasamos horas mirando algas, por lo general, pequeñas, de varios colores, de varias formas; y mirando cangrejos viviendo su vida; 
……… uno, en un privilegiado efímero vistazo, tomando fibras de una planta con sus pinzas para llevarlas a su boca; 
……… uno, saliendo y entrando de su casa propia del más moderno estilo modular, las dos valvas de una concha de molusco; 
……… otro, escurriéndose sigilosamente por entre las algas, tal vez hacia una cita; 
……… otro, aferrándose a la punta suma de una roca rodeada por el mar ya creciente, como temiendo mojarse las patitas, pero mostrando, al fin, que su aversión aparente al agua era mucho menor que su aversión real a los humanos, al zambullirse en menos de un parpadeo cuando nos acercamos demasiado.

Volvimos a la colonia de los pingüinos a la hora de regreso de sus moradores del supermercado, perdón, del mar.


Mar del Plata pingüinense

¡Qué divertido es verlos caminar - en cohortes, o comparsas, según se los quiera mirar; todos, en el mismo estilo, con el mismo paso, con la misma ridícula solemnidad - del mar hacia sus viviendas!

¡Y ahí está el pingüino albino! Pingüino albino suena muy impresionante, pero, visto de lejos, parece un pato doméstico parado de una manera un poco rara.

Quisimos fijar en la película para la posteridad la cara de un pingüino albino, pero descubrimos que, a más de ser diferente por fuera, también es diferente por dentro; que no le gustan los fotógrafos; de manera que se escondió en su cueva y ahí terminó el asunto.

Mañana, pero tempranito, antes de las 8, antes de que la gente pingüina vuelva a aprovisionarse en el mar, regresaremos para un nuevo intento.