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lago parcialmente helado. También hay pequeños islotes, o lo que sería islotes, si fuera todo agua. En la distancia, un adorno de algunos picos levemente nevados.  En conjunto, un lindo paisaje.

Tratamos de tomar una fotografía, pero será probablemente sin mucho éxito por la gran turbulencia del aire debida a las ondas térmicas emanando del desierto. También, qué se puede esperar con una planicie de sales reflejando un calor de 45 grados.



El salar

Salida de Bolivia a la vista.

Un último sello y una última firma en el documento del coche, vencido, y sin validez en Bolivia, y todo quedó en perfecto orden.

Estamos estacionados ya más allá del puesto fronterizo boliviano, pero todavía ni siquiera en vista del puesto chileno, dedicándonos a los últimos preparativos para enfrentar a los Chilenos, o sea comiendo la última ensalada cruda y las últimas mandarinas.

Ahora vamos a ver qué tal serán los Chilenos.

Ya varios kilómetros, pero todavía ningún puesto chileno.'

Estamos sorprendidos porque nos imaginábamos que la frontera entre Bolivia y Chile se encontraría en la línea divisoria de la cresta de una de las corderías de los Andes, y creíamos que, de dicha supuesta cresta fronteriza, todo sería cuesta abajo y cuesta abajo hasta llegar a la franja de llanuras costeras chilenas, pero no es así: estamos en un puro y simple altiplano.

Otra vez parados, pero por una razón que hace olvidar puestos fronterizos a no ser que sea el irreversible puesto fronterizo entre vida y muerte, muerte múltiple y repentina: en la desolación de la altiplanicie y contra el trasfondo de una cadena montañosa nevada, yace un gran avión cuadrichorro, con un ala arrancada a 300 metros del cuerpo principal, y uno de los cuatro reactores en otro sitio más. Evidentemente, un avión que sufrió un accidente. Pero debe de ser cierto tiempo atrás porque todo aquello que no es la pura estructura ya fue pelado y llevado.



El avión

Ya está; estamos en Chile. Pasamos el puesto chileno con un mínimo de firmas y sellos. Ni un solo vistazo echaron al vehículo o su contenido. Ni siquiera se fijaron si teníamos frutas o verduras frescas. ¿Para qué tanto cocinar y tanto comer? - para nada.

Pasar del rancho que sirve de puesto fronterizo en Bolivia al pequeño complejo bastante bien mantenido de los Chilenos, nos hizo acordar de nuestro paso de la frontera de Nicaragua a Costa Rica, con la diferencia de que Nicaragua es un país en guerra contra Vespuccia o sus agentes, mientras que Bolivia no tiene tal disculpa; claro, tal vez tiene otras disculpas, según ya mencionamos.

Como ya dicho, en otro tiempo no hubiésemos cambiado de país, y en otros tiempos todavía más pretéritos no hubiésemos cambiado de imperio ya que gran >>>>>>>>