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los maleantes colombianos, es simplemente una cuestión de soberanía nacional; parece que, en estos momentos, Panamá no tiene todavía un control firme de esta zona de El Darién y tiene miedo de que, al abrirse la comunicación terrestre, se vería literalmente invadida por pobladores colombianos. Si es realmente ésta la razón, pues no será ni el año, ni la década, que viene cuando se abra la carretera; quizás, el siglo que viene.

Mientras tanto, no hace más calor que en Ciudad Panamá pero hay bastante más humedad.

Pasaron las horas, pasó casi todo el día. De práctico y efectivo, de lo cual tenemos tanto para hacer, nada hicimos. Fuera de observar el tráfico de piraguas - piraguas de carga, piraguas de pasajeros, piraguas de uso mixto - por el Chucunaque, perdimos gran parte del día en conversaciones de buena vecindad con toda la gente que llegaba, de vez en cuando, al mismo lugar donde nosotros estábamos trabados.

Llegó todo un multitudinario equipo estereofónico para hacer bochinche para la fiesta de Yaviza - tuvieron que cargarlo en dos piraguas grandes - y fue charla para nosotros. Llegó todo un cargamento de bebidas para la chupadera de la fiesta de Yaviza - tuvieron que cargarlo en dos piraguas super-grandes, que daba miedo - y fue charla para nosotros. Llegaron varias piraguas para escala antes de seguir viaje, y, para nosotros, cada una fue una obligada conversación de buena vecindad.



En el Chucunaque

A las 15:30, el pronóstico de la situación se estableció en que, probablemente a eso de las 17, se podría pasar hasta Yaviza.

A las 17, efectivamente, el paso por el lugar del primer charco, el que nos había parado en la mañana, se hizo posible, si bien el trabajo no estaba terminado y el cruce quedaba problemático - pero por lo menos podríamos llegar a Yaviza.

Con renovado entusiasmo, nos aventuramos en la angosta huella de tierra revuelta como campo arado, con abruptos cambios de bajadas y subidas que se parecían más a un campo de ejercicio de tanques que a una vía de comunicación; y ya teníamos detrás de nosotros el punto neurálgico del charco desaguado, cuando, de repente explotó la noticia: sí, pero los otros charcos están todavía impasables, ni siquiera las grandes máquinas viales pueden todavía pasarlos.

Bueno, tomándolo con espíritu de buen humor y de aventura, de a poquito dimos media vuelta por una docena o sesquidocena de vaivenes en una mini-plataforma de emergencia que nos aplanó atentamente una de las máquinas viales, y nos encaminamos de vuelta hacia Canglón porque nos pareció más seguro pasar la noche en el villorrio.

En camino, nos paramos para cenar; y es donde estamos en este momento.