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Y sin embargo, en cualquier pueblito por dónde se pase, hay estatuas, hay juegos de agua, hay plazoletas, hay aquella inquietud de expresión de belleza ya mencionada. ¿Cómo entender esta alma en conflicto con sí misma?

Estamos a unos 50 kilómetros de la ciudad de Toluca.

De repente terminó la topografía arrugada; estamos recorriendo una altiplanicie levemente ondulada a unos 2.500 metros de altitud, totalmente pelada, seca, pero cultivada. En frente a nosotros se yergue el volcán Nevado de Toluca; como le corresponde por su nombre, está salpicado de nieve, pero no echa humo, como le correspondería por su título.

Estamos en Toluca.

Ni nos habíamos adentrado en la ciudad, que tropezamos con otra de aquellas expresiones escultóricas mexicanas - tal vez más allá de lo esperado aun dentro de lo mexicano. Mientras que, para cualquiera, el concepto de estatua se traduciría en un movimiento instintivo vertical, en esta estatua, todo es horizontal - más que horizontal, la cabeza se encuentra más bajo que el cuerpo, es la estatua de un niño muerto yaciendo en una roca curva, un monumento a los Niños Héroes de Chapultepec.

En el centro de Toluca, nos esperaba otra sorpresa agradable para la vista; tienen aquí un jardín botánico bajo techo - no entendemos muy bien la razón de tener un jardín botánico bajo techo en este clima, pero lo interesante para nosotros fue que la parte alta de las paredes externas del edificio, todo alrededor, está hecha de vitrales representando diferentes escenas, en un total de 48 panales de unos cuatro metros por cuatro. Se nos ocurrió que estos vitrales son, en vidrio y color, lo que los murales son en yeso y color.



Los vitrales

Hablando tanto de suciedad, es un placer destacar que Toluca es una ciudad limpia.

Volviendo al volcán Nevado de Toluca, no solamente que no echa humo desde sus 4.580 metros de altitud, sino que tiene agua en su cráter, en la forma de dos lagos.

Vamos a pasar la noche fuera del conglomerado urbano de Toluca, en dirección hacia nuestra próxima meta, la ciudad de Taxco.

Tuvimos que recorrer una distancia bastante considerable para, por fin, salir de las zonas edificadas. Y siempre las curvas y las curvas. Es realmente increíble que miles y miles de curvas sobre grandes extensiones sean la norma, y algún tramito derecho, sea una excepción, ya terminada, apenas empezada.

Para la cena, nos empeñamos en, otra vez, explorar las ondas radiofónicas; esta vez, dimos con el premio gordo: sintonizamos la radiodifusora de la Universidad Nacional Autónoma en la ciudad de México.  Por primera vez desde >>>>>>>>