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Hospicio de Expósitos Cabañas, donde, por otra parte, sabíamos que hay muchos murales de Orozco, entre ellos lo que se considera su obra maestra. Allí fuimos.  Caminando.

Pasamos por la plaza Tapatía, una curiosa mezcla de lo viejo y de lo nuevo, en muy buena combinación: candelabros viejos, esculturas modernas y, como siempre, muchos juegos de agua, y árboles; algunos de los juegos de agua son diferentes de cualquier otro juego de agua comúnmente en existencia: son chorros de agua saliendo verticalmente del pavimento de la explanada por donde camina el público, de manera que no hay nada en este mundo que impida que la gente pase directamente por entre o por encima de los chorros - con responsabilidad exclusiva de los resultados, por supuesto.

En el ex-Hospicio, vimos los murales originales de Orozco; en las paredes, las bóvedas y la cúpula de la ex-capilla; y vimos muchas reproducciones fotográficas en tamaño mural de muchos murales de Orozco en otras partes, muchos de los cuales esperamos ver, eventualmente, en el original.



Mural en la cúpula

Son estos murales obras poderosas, cautivantes - no solamente por su puro aspecto artístico sino también por el mensaje, siempre substancial, que transmiten sobre aspectos, generalmente viles, de la política, la religión, la historia, la geopolítica, mexicanas; mucho más cautivantes, en todo sentido, que un Picasso.  Cada mural, más que pintura, parece una pieza de filosofía.

Un aspecto interesante de esta muestra es que muchas de las reproducciones fotográficas de los murales están acompañadas del esbozo previo, hecho con papel y lápiz, de cada obra. Lo curioso es que los esbozos siempre son más grandes y contienen más material que el mural consiguiente.

También, es de gran interés comparar esta muestra con una muestra muy similar que vimos, muchos años hace, de frescos renacentistas italianos, acompañados, cada uno, de su esbozo de estudio previo; mientras que, en el caso de los frescos, la obra final siempre perdía gran parte de la fuerza contenida en la simplicidad de los esbozos, en este caso, los murales finales son una fiel reafirmación - y aun más poderosa - del mensaje contenido en el estudio previo.

Ahora viene la elusiva sorpresa que tanto nos cautivó.

Mientras estábamos viendo los murales, empezamos a percibir en la lejanía algún extraño tipo de música; guiados por el sonido, y acuciados por un interés cada vez mayor, llegamos a un patio donde nos encontramos con una agrupación de música - que luego supimos que era azteca - en pleno ensayo.

Fue una experiencia absolutamente fascinante; según aprendimos luego, los instrumentos eran de construcción reciente pero basados en datos que sobrevivieron el vandalismo español; la música propia, lamentablemente, no podía ser original azteca, sino que era una reconstitución de cómo se cree, >>>>>>>> >>>>>>>>